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Palabras diarias de Dios | Fragmento 54 | "La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II"

Palabras diarias de Dios 215  2020-06-29

Palabras diarias de Dios | Fragmento 54 | "La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II"

Mediante su capacidad auditiva, Job ha escuchado hablar de Dios

(Job 9:11) Ved, Él pasa por mi lado y no lo veo; Él también pasa, pero yo no lo percibo.

(Job 23:8-9) Ved, yo voy de frente pero Él no está ahí; y hacia atrás pero no lo puedo percibir; en la mano izquierda, donde Él trabaja pero no puedo contemplar; Él se esconde en la mano derecha donde no lo puedo ver.

(Job 42:2-6) Sé que puedes hacer todo y que ningún pensamiento se te puede esconder. ¿Quién es el que esconde el consejo sin conocimiento? Por lo tanto, he dicho lo que no he entendido; cosas tan maravillosas para mí que yo no sabía. Escucha, te ruego, y hablaré; te preguntaré y Tú me contestarás. He sabido de Ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Es por eso que me aborrezco y me arrepiento echado sobre polvo y cenizas.

Aunque Dios no se ha revelado a Job, él cree en Su soberanía

¿Cuál es la idea central de estas palabras? ¿Os habéis dado cuenta de que aquí hay una realidad? En primer lugar, ¿cómo supo Job que había un Dios? ¿Y cómo sabía que los cielos y la tierra, y todas las cosas, son gobernados por Dios? Hay un pasaje que responde estas dos preguntas: “He sabido de Ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Es por eso que me aborrezco y me arrepiento echado sobre polvo y cenizas” (Job 42:5-6). De estas palabras aprendemos que, en lugar de haber visto a Dios con sus propios ojos, Job había sabido de Él a partir de la leyenda. Bajo estas circunstancias comenzó a andar por el camino de seguir a Dios, tras lo cual confirmó Su existencia en su vida, y entre todas las cosas. Aquí encontramos un hecho innegable; ¿cuál es? A pesar de ser capaz de seguir el camino de temer a Dios y apartarse del mal, Job nunca lo había visto. ¿Acaso no era igual, en esto, a las personas actuales? Job nunca había visto a Dios, lo que implica que aunque había oído de Él, no sabía dónde estaba, cómo era ni qué estaba haciendo; todos estos son factores subjetivos; objetivamente hablando, aunque seguía a Dios, Él nunca se le apareció ni le habló. ¿No es esto una realidad? Aunque Él no le había hablado a Job ni le había dado ningún mandamiento, este había visto Su existencia, observaba Su soberanía entre todas las cosas y en leyendas en las que había oído de Dios mediante el sentido auditivo, tras lo cual comenzó a vivir temiendo a Dios y apartándose del mal. Estos eran los orígenes y el proceso por los cuales Job seguía a Dios. Pero, independientemente de su forma de temerle y de apartarse del mal, de cómo se agarrara firmemente a su integridad, Dios nunca se le apareció. Leamos este pasaje. Él dijo: “Ved, Él pasa por mi lado y no lo veo; Él también pasa, pero yo no lo percibo” (Job 9:11). Lo que estas palabras están indicando es que Job podría, o no, haber sentido a Dios a su alrededor; sin embargo, nunca lo pudo ver. Había momentos en los que se lo imaginaba pasando delante de él, actuando, o guiando al ser hombre, pero nunca lo había conocido. Dios viene al hombre cuando este no lo espera; el ser humano no sabe cuándo Dios viene a él ni dónde lo hace, porque no puede verlo y, por tanto, para el hombre Dios está escondido de él.

La fe de Job en Dios no se tambalea porque Él esté escondido de él

En el siguiente pasaje de las escrituras, Job dice: “Ved, yo voy de frente pero Él no está ahí; y hacia atrás pero no lo puedo percibir; en la mano izquierda, donde Él trabaja pero no puedo contemplar; Él se esconde en la mano derecha donde no lo puedo ver” (Job 23:8-9). En este relato, aprendemos que en las experiencias de Job, Dios se había escondido totalmente de él; no se le había aparecido ni le había hablado abiertamente palabra alguna, pero en su corazón, Job confiaba en la existencia de Dios. Siempre había creído que Él podía estar caminando delante de él, o actuando a su lado, y que aunque no podía verlo, estaba junto a él gobernando su todo. Job nunca había visto a Dios, pero podía mantenerse fiel a su fe, algo que ninguna otra persona podía hacer. ¿Y por qué no? Porque Dios no habló a Job ni se le apareció, y si no hubiera creído de verdad, no habría podido seguir adelante ni haberse aferrado al camino de temer a Dios y apartarse del mal. ¿No es esto cierto? ¿Cómo te sientes cuando lees sobre Job pronunciando estas palabras? ¿Sientes que la perfección y la rectitud de Job, y su justicia delante de Dios, son reales y no una exageración por parte de Dios? Aunque Él tratara a Job igual que a otras personas, y no se le apareciera ni le hablara, él seguía firme en su integridad, continuaba creyendo en Su soberanía y, además, ofrecía con frecuencia holocaustos y oraba delante de Dios como consecuencia de su miedo a ofenderle. En su capacidad de temerle sin haberlo visto, percibimos cuánto amaba las cosas positivas, y cuán firme y real era su fe. No negaba la existencia de Dios porque estuviera escondido de él ni perdía su fe, abandonándolo por no haberle visto nunca. En su lugar, en medio de la obra oculta de Dios de gobernar todas las cosas, había sido consciente de Su existencia, y sentía Su soberanía y Su poder. No dejó de ser recto porque Dios estuviera escondido ni abandonó el camino de temerle y apartarse del mal porque Él nunca se le apareciera. Job nunca había pedido que Dios se le manifestara abiertamente para demostrar Su existencia, porque ya había observado Su soberanía en medio de todas las cosas, y creía haber obtenido las bendiciones y las gracias que otros no habían recibido. Aunque Dios seguía escondido para él, su fe en Él nunca se tambaleó. Así pues, cosechó lo que nadie más tenía: la aprobación y la bendición de Dios.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”