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Palabra de Dios | Fragmento 283 | "Solo pueden servir a Dios los que conocen Su obra de hoy"

Palabras diarias de Dios 662  2020-07-17

Palabras diarias de Dios | Fragmento 283 | "Solo pueden servir a Dios los que conocen Su obra de hoy"

Debido a que hay continuamente nuevos avances en la obra de Dios, siempre hay un nuevo trabajo, y por tanto también hay trabajo que se vuelve obsoleto y viejo. Esta obra antigua y nueva no son contradictorias, sino que se complementan; cada paso es consecuencia del anterior. Debido a que surge nuevo trabajo, las cosas viejas, por supuesto, deben ser eliminadas. Por ejemplo, algunas de las prolongadas prácticas establecidas y dichos habituales del hombre, conjuntamente con muchos años de experiencia y enseñanzas del hombre, han formado toda clase de nociones en la mente del hombre. Sin embargo, más propicio para la formación de tales nociones por parte del hombre es que Dios aún no ha revelado plenamente al hombre Su verdadero rostro y Su carácter inherente, combinado con la difusión, durante muchos años, de las teorías tradicionales de la antigüedad. Es justo decir que, durante el transcurso de la creencia del hombre en Dios, la influencia de diversas nociones ha llevado a la formación y evolución continua de un conocimiento en el hombre en el que se ha hecho de todo tipo de nociones sobre Dios, con el resultado de que muchas personas religiosas que sirven a Dios se han convertido en Sus enemigos. Por consiguiente, mientras más arraigadas sean las nociones religiosas de la gente, más se opondrán a Dios, y más se vuelven enemigos de Dios. La obra de Dios es siempre nueva y nunca vieja, y nunca forma doctrinas, y en cambio, están cambiando y renovándose continuamente en mayor o menor grado. Este trabajo es la expresión del carácter inherente de Dios mismo. Es también el principio inherente de la obra de Dios, y uno de los medios por los cuales Dios logra Su gestión. Si Dios no trabajara de esta manera, el hombre no cambiaría ni sería capaz de conocer a Dios, y Satanás no sería derrotado. Por tanto, en Su obra ocurren cambios continuos que pueden parecer erráticos, pero que en realidad son periódicos. Sin embargo, la manera en la que el hombre cree en Dios es bastante diferente: él se aferra a viejos sistemas y doctrinas que le son familiares, y cuanto más viejas sean, más apetecibles son para él. ¿Cómo podría la mente necia del hombre, una mente que es tan intransigente como la piedra, aceptar tan insondables nueva obra y palabras de Dios? El hombre aborrece al Dios que es siempre nuevo y nunca viejo; a él sólo le gusta el anticuado viejo Dios de pelo blanco e inmóvil. Por ende, debido a que Dios y el hombre tiene individualmente sus propios gustos, el hombre se ha convertido en el enemigo de Dios. Muchas de estas contradicciones todavía persisten hoy en día, en tiempos en que Dios ha estado llevando a cabo una nueva obra durante casi seis mil años. Entonces, no tienen remedio. Tal vez se deba a la terquedad del hombre, o a lo inviolable por parte de cualquier hombre de los decretos administrativos de Dios, mas esos clérigos y mujeres todavía se aferran a viejos y mohosos libros y papeles, mientras que Dios continúa adelante con Su incompleto trabajo de gestión como si no tuviera a nadie a Su lado. A pesar de que estas contradicciones hacen que Dios y el hombre sean enemigos, al punto de llegar a ser irreconciliables, Dios no les presta atención, como si estuvieran allí y no estuvieran. El hombre, sin embargo, todavía se apega a sus creencias y conceptos, y nunca se desprende de ellos. Sin embargo, una cosa es evidente: a pesar de que el hombre no se desvía de su postura, los pies de Dios están siempre en movimiento y siempre está cambiando su postura de acuerdo con el entorno, y al final, es el hombre quien será vencido sin luchar. Dios, por su parte, es el mayor enemigo de todos Sus enemigos que han sido derrotados, y es también el campeón de aquellos de entre la humanidad que han sido vencidos, y de aquellos que aun serán derrotados. ¿Quién puede competir con Dios y salir victorioso? Las nociones del hombre parecen venir de Dios, porque muchas de ellas nacieron con el despertar de la obra de Dios. Sin embargo, Dios no perdona al hombre a causa de ellos, ni, menos aún, derramará alabanzas sobre el hombre por producir lote tras lote de productos “para Dios” que están fuera de la obra de Dios. Por el contrario, Él está sumamente disgustado por las nociones del hombre, y por sus viejas y piadosas creencias, e incluso ignora la fecha en las que tales nociones surgieron por primera vez. Él no acepta en absoluto que estas nociones procedan de Su obra, ya que las nociones del hombre son esparcidas por el hombre; su fuente es el pensamiento y la mente del hombre, y no vienen de Dios, sino de Satanás. La intención de Dios siempre ha sido que Su obra sea nueva y viva, no vieja y muerta, y aquello en lo que Él hace que el hombre se mantenga firme está dividido en eras y períodos, no en cosas eternas e inmutables. Esto es debido a que Él es un Dios que lleva al hombre a vivir y ser nuevo, en vez de un diablo que lleva al hombre a la muerte y a ser viejo. ¿Aún no comprendéis esto? Tú tienes nociones sobre Dios y eres incapaz de desprenderte de ellas, porque eres de mente cerrada. No es porque la obra de Dios tenga poco sentido, o porque la obra de Dios sea inhumana, ni, menos aún, se debe a que Dios sea siempre negligente con Sus deberes. Que no seas capaz de desprenderte de tus nociones se debe a que eres demasiado carente de obediencia, y porque no tienes la más mínima semejanza a una criatura de Dios, y no porque Dios esté haciendo las cosas difíciles para ti. Todo esto ha sido causado por ti mismo, y no tiene nada que ver con Dios; todo el sufrimiento y la desgracia son causados por el hombre. Las intenciones de Dios son siempre buenas: Él no desea causarte que elabores nociones, sino que desea que tú cambies y seas renovado a medida pasan las eras. Sin embargo, no puedes diferenciar el huevo de la castaña, y siempre estás estudiando o analizando. No es que Dios haga las cosas difíciles para ti, sino que no tienes veneración por Dios, y tu desobediencia es demasiado grande. Una pequeña criatura se atreve a tomar un pedazo trivial de lo que antes fue dado por Dios, y lo voltea para atacar a Dios. ¿Acaso no es esto la desobediencia del hombre? Es justo decir que el hombre no está en lo absoluto calificado para expresar sus puntos de vista ante Dios, ni mucho menos está calificado para idearse máxima alguna que le venga en ganas, inútiles, malolientes y podridas como son, por no hablar de lo mohosas de otras nociones. ¿Acaso no son aún más despreciables?

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”