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Palabras diarias de Dios | Fragmento 343 | "Palabras para los jóvenes y los viejos"

Palabras diarias de Dios 217  2020-08-30

Yo he llevado a cabo mucha obra en la tierra, y he caminado entre la humanidad durante muchos años, sin embargo, la gente rara vez tiene conocimiento de Mi imagen y de Mi carácter, y pocas personas pueden explicar exhaustivamente la obra que Yo hago. Hay muchas cosas de las que la gente carece, siempre les falta entendimiento respecto a lo que Yo hago, y su corazón siempre está en alerta, como si temieran profundamente que Yo los llevara a otra situación para después no prestarles atención. Así, la actitud de las personas hacia Mí siempre es tibia, y va acompañada de mucha cautela. Esto se debe a que las personas han venido al presente sin entender la obra que Yo hago, y se sienten particularmente desconcertadas por las palabras que Yo les hablo. Tienen Mis palabras en sus manos, sin saber si deberían comprometerse a una creencia inquebrantable en ellas, o si deberían optar por la indecisión y olvidarlas. No saben si deberían ponerlas en práctica, o esperar y ver, si deberían dejarlo todo de lado y seguir valientemente, o continuar su amistad con el mundo como antes. El mundo interior de las personas es muy complicado y astuto. Como las personas no pueden ver clara y plenamente Mis palabras, a muchas de ellas les resulta difícil practicarlas y poner su corazón ante Mí. Yo entiendo profundamente vuestras dificultades. Muchas debilidades son inevitables cuando se vive en la carne, y muchos factores objetivos crean dificultades para vosotros. Alimentáis a vuestra familia, pasáis vuestros días trabajando duro, y los meses y los años pasan arduamente. Hay muchas dificultades en vivir en la carne, no lo niego; Mis exigencias para vosotros, por supuesto, se hacen de forma acorde a vuestras dificultades. Las exigencias en la obra que realizo se basan todas en vuestra estatura real. Es posible que en el pasado, las exigencias que las personas tenían para vosotros estuvieran mezcladas con elementos desmedidos, pero deberíais saber que Yo nunca os he puesto exigencias excesivas en lo que digo y hago. Todos los requerimientos se basan en la naturaleza y la carne de las personas, y en lo que ellas necesitan. Deberíais saber, y Yo os lo puedo decir muy claramente, que no me opongo a ciertas formas razonables de pensar de las personas ni a la naturaleza inherente de la humanidad. Sólo porque las personas no entienden cuál es realmente el estándar de Mis exigencias hacia ellas, ni el sentido original de Mis palabras, han dudado de Mis palabras hasta ahora, e incluso menos de la mitad de ellas creen en Mis palabras. Los restantes son incrédulos, y lo son incluso más quienes gustan de oírme “contar historias”. Además, muchos lo ven como un espectáculo para disfrutar. Os lo advierto: muchas de Mis palabras ya se han abierto a quienes creen en Mí, y Yo he eliminado a quienes “disfrutan” de la hermosa visión del reino, pero se han quedado fuera de sus puertas. ¿No sois simple cizaña que Yo detesto y rechazo? ¿Cómo podríais verme partir, y después acoger con alegría Mi regreso? Os digo que, después de que las personas de Nínive oyeran las airadas palabras de Jehová, se arrepintieron de inmediato, con cilicio y cenizas. Fue porque creyeron en Sus palabras que estaban llenas de temor y terror, y por ello se arrepintieron con cilicio y cenizas. En cuanto a las personas de hoy, aunque también creen Mis palabras, y más aún, creen que Jehová ha venido una vez más entre vosotros hoy, vuestra actitud no es sino irreverente, como si os limitarais a observar al Jesús que nació en Judea hace miles de años, y que ha descendido ahora en medio de vosotros. Yo entiendo profundamente el engaño que existe en vuestros corazones; la mayoría de vosotros me seguís por curiosidad, y habéis venido a buscarme porque sentís un vacío. Cuando se destruye vuestro tercer deseo, vuestro deseo de una vida apacible y feliz, luego vuestra curiosidad también se disipa. El engaño que existe en cada uno de vuestros corazones queda al descubierto a través de vuestras palabras y hechos. Francamente, sólo tenéis curiosidad respecto a Mí, pero no me teméis; no cuidáis vuestra lengua, y menos aún contenéis vuestra conducta. ¿Qué tipo de fe tenéis entonces en realidad? ¿Es genuina? Sencillamente usáis Mis palabras para disipar vuestras preocupaciones, y aliviar vuestro aburrimiento; para llenar los espacios vacíos que quedan en vuestra vida. ¿Quién de entre vosotros ha puesto Mis palabras en práctica? ¿Quién tiene una fe genuina? Seguís gritando que Dios es un Dios que ve lo profundo de los corazones de las personas, ¿pero de qué forma es compatible conmigo el Dios del que gritáis en vuestros corazones? Si estáis gritando así, ¿por qué actuáis, pues, de esa forma? ¿Será ese el amor que queréis devolverme? No hay escasez de dedicación en vuestros labios, pero ¿dónde están vuestros sacrificios, y vuestras buenas obras? Si no fuera porque vuestras palabras llegan hasta Mis oídos, ¿cómo podría Yo odiaros tanto? Si creyerais realmente en Mí, ¿cómo podríais caer en semejante estado de angustia? En vuestros rostros hay miradas deprimidas, como si estuvierais en el Hades siendo juzgados. No tenéis ni una pizca de vitalidad, y habláis débilmente sobre vuestra voz interior; incluso estáis llenos de quejas y maldiciones. Hace mucho que perdisteis la fe en lo que Yo hago, y hasta vuestra fe original ha desaparecido; ¿cómo podéis entonces seguir hasta el final? Dado que esto es así, ¿cómo podéis ser salvados?

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”