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Palabras diarias de Dios | Fragmento 22 | "La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I"

Palabras diarias de Dios 550  2020-05-14

Palabras diarias de Dios | Fragmento 22 | "La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I"

Desde la existencia de la gestión de Dios, Él siempre ha estado totalmente dedicado a llevar a cabo Su obra. A pesar de ocultar Su persona del hombre, siempre ha estado a su lado, obrando en él, expresando Su carácter, guiando a toda la humanidad con Su esencia, y haciendo Su obra en cada persona por medio de Su poder, Su sabiduría, y Su autoridad, dando así lugar a la Era de la Ley, la Era de la Gracia, y ahora la Era del Reino. Aunque Dios oculte Su persona del hombre, Su carácter, Su ser y posesiones, así como Su voluntad hacia la humanidad, se le revelan sin reservas para que los vea y experimente; en otras palabras, aunque los seres humanos no puedan ver ni tocar a Dios, Su carácter y Su esencia con las que la humanidad ha estado en contacto son absolutamente expresiones de Dios mismo. ¿Acaso no es verdad? Independientemente del método o del ángulo que Dios use para llevar a cabo Su obra, Él siempre trata a las personas con Su identidad verdadera, haciendo lo que se supone que debe hacer, y diciendo lo que se supone que debe decir. No importa desde dónde hable Dios —podría estar en el tercer cielo, o en la carne, o incluso bajo el aspecto de una persona ordinaria—, Él siempre le habla al hombre con todo Su corazón y toda Su mente, sin ningún engaño ni ocultación. Cuando lleva a cabo Su obra, Dios expresa Su palabra y Su carácter, lo que tiene y lo que es, sin ninguna reserva en absoluto. Él dirige a la humanidad con Su vida, Su ser y Sus posesiones. Así vivía el hombre en la Era de la Ley —la era de la cuna de la humanidad—, bajo la dirección del Dios invisible e intocable.

Dios se hizo carne, por primera vez, después de la Era de la Ley, una encarnación que duró treinta y tres años y medio. Para un ser humano, ¿es esto un largo tiempo? No es largo. Dado que la duración de la vida de un ser humano suele ser mucho más extensa que treinta y tantos años, no es mucho tiempo para el hombre. Sin embargo, estos treinta y tres años y medio son muy largos para el Dios encarnado. Él pasó a ser una persona, una persona corriente que cargaba con la obra y la comisión de Dios. Esto significaba que tenía que asumir el trabajo que una persona ordinaria no podía manejar y, a la vez, soportar un sufrimiento que las personas ordinarias no pueden resistir. Por mucho que las personas de hoy no hayan presenciado la cantidad de sufrimiento que el Señor Jesús soportó durante la Era de la Gracia, desde el comienzo de Su obra hasta que fue clavado en la cruz, ¿no podéis al menos percibir un poco de este a través de las historias de la Biblia? Independientemente de cuántos detalles existan en esos hechos recogidos, la obra de Dios durante este período estuvo, en general, llena de dificultades y sufrimiento. Para un ser humano corrupto, treinta y tres años y medio no es mucho tiempo; un poco de sufrimiento no es un gran problema. Pero para el Dios santo, inmaculado, que tiene que cargar con todos los pecados de la humanidad, comer, dormir y vivir con pecadores, este dolor es demasiado grande. Él es el Creador, el Señor de todas las cosas y el Gobernador de todo; pero cuando vino al mundo tuvo que soportar la opresión y la crueldad de hombres corruptos. A fin de completar Su obra y rescatar a la humanidad de la miseria, tuvo que ser condenado por el hombre, y cargar con los pecados de toda la humanidad. Las personas ordinarias no pueden comprender ni apreciar el grado de sufrimiento por el que pasó. ¿Qué representa este sufrimiento? Representa la devoción de Dios por la humanidad. Representa la humillación que sufrió y el precio que pagó por la salvación del hombre, para redimir sus pecados y completar esta etapa de Su obra. También quiere decir que el hombre sería redimido por Dios desde la cruz. Este es un precio pagado en sangre, en vida, un precio que los seres creados no se pueden permitir. Al tener la esencia de Dios y estar equipado con lo que Dios tiene y es, puede soportar esa clase de sufrimiento y este tipo de obra. Esto es algo que ningún ser creado puede hacer en Su lugar. Esta es la obra de Dios durante la Era de la Gracia y una revelación de Su carácter. ¿Revela esto algo acerca de lo que Dios tiene y es? ¿Le merece la pena a la humanidad llegar a conocerlo?

En aquella era, aunque el hombre no vio la persona de Dios, recibió Su ofrenda por el pecado y fue redimido por Él desde la cruz. Puede que la humanidad esté familiarizada con la obra que Dios hizo durante la Era de la Gracia, ¿pero lo está alguien con el carácter y la voluntad expresados por Dios durante este período? El hombre meramente conoce el contenido de la obra de Dios durante distintas eras por medio de diversos canales, o sabe de historias relativas a Dios que tuvieron lugar al mismo tiempo que Él estaba llevando a cabo Su obra. Estos detalles e historias son, como mucho, tan sólo un poco de información o leyendas sobre Dios, y no tienen nada que ver con Su carácter y Su esencia. De modo que, sin importar cuántas historias conozcan las personas sobre Dios, eso no significa que tengan un entendimiento y un conocimiento profundos de Su carácter o Su esencia. Como ocurrió en la Era de la Ley, aunque las personas de la Era de la Gracia habían experimentado un contacto cercano e íntimo con Dios en la carne, su conocimiento del carácter y la esencia divinos era prácticamente inexistente.

En la Era del Reino, Dios volvió a hacerse carne, del mismo modo en que lo hizo la primera vez. Durante este período de obra, Dios sigue expresando Su palabra sin reservas, lleva a cabo la obra que debería hacer, y expresa lo que tiene y es. Al mismo tiempo, Él sigue soportando y tolerando la desobediencia y la ignorancia del hombre. ¿Acaso no revela Dios también, continuamente, Su carácter y expresa Su voluntad durante este período de obra? Así pues, desde la creación del hombre hasta ahora, el carácter de Dios, Su ser y posesiones, y Su voluntad, siempre han estado abiertos a cada persona. Él nunca ha escondido deliberadamente Su esencia, Su carácter, o Su voluntad. Lo que ocurre es que a la humanidad no le importa lo que Dios está haciendo ni lo que es Su voluntad; por eso es que el entendimiento que el hombre tiene de Dios es tan patéticamente escaso. En otras palabras, aunque Dios oculte Su persona, también está junto a la humanidad en todo momento, proyectando abiertamente Su voluntad, carácter y esencia a todas horas. En cierto sentido, la persona de Dios también está abierta a las personas, pero su ceguera y desobediencia, impiden que el hombre sea alguna vez capaz de ver la aparición de Dios. Así que si este es el caso, entonces ¿no debería ser fácil para todos entender el carácter de Dios y a Dios mismo? Esta pregunta es muy difícil de responder, ¿verdad? Puedes decir que es fácil, pero aunque algunas personas busquen conocer a Dios, no pueden conseguirlo realmente ni obtener un entendimiento claro de Él; siempre es confuso y vago. Pero si dices que no es fácil, tampoco es correcto. Habiendo sido el objeto de la obra de Dios durante tanto tiempo, todo el mundo debería tener tratos genuinos con Él por medio de sus experiencias. Al menos deberían haber sentido a Dios hasta cierto punto en sus corazones, o haber chocado previamente con Él en un nivel espiritual y, por tanto, deberían tener al menos cierta conciencia emocional del carácter de Dios o haber obtenido algún entendimiento de Él. Desde el momento en que el hombre comenzó a seguir a Dios hasta ahora, la humanidad ha recibido mucho; sin embargo, por todo tipo de razones —el calibre inadecuado del hombre, su ignorancia, su rebeldía, e intenciones varias—, también ha perdido mucho de ello. ¿No le ha dado Dios ya suficiente a la humanidad? Aunque Él esconda Su persona de los humanos, les provee todo lo que Él tiene y es, e incluso Su vida; el conocimiento que la humanidad tiene de Dios no debería ser tan sólo aquello que es ahora. Por ello pienso que es necesario comunicar más con vosotros sobre el tema de la obra de Dios, Su carácter y Dios mismo. El propósito es que los miles de años de cuidados y pensamientos que Él ha derramado en el hombre no pasen en vano, y que la humanidad pueda por tanto entender y apreciar genuinamente la voluntad de Dios hacia ella. Esto es para que las personas puedan ir hacia delante en un nuevo paso en su conocimiento de Dios. También devolverá a Dios a Su lugar legítimo en los corazones de las personas, es decir, le hará justicia.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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