Las riquezas de la vida

Wang Jun Provincia de Shandong

Desde el momento en que acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, mi esposa y yo hemos atravesado juntos bajo la opresión del gran dragón rojo. Durante este período, si bien tuve debilidades, dolor y lágrimas, creo que he ganado mucho por haber experimentado esta opresión. Estas experiencias amargas no sólo me hicieron ver la naturaleza reaccionaria y malvada y el horrible semblante del gran dragón rojo, sino que también reconocí mi propia esencia corrupta. También me permitió experimentar la omnipotencia de Dios y Su sabiduría. Realmente experimenté y reconocí la verdadera relevancia de Dios utilizando al gran dragón rojo como contraste, a partir de lo cual mi determinación de seguir a Dios se volvió cada vez más firme.

Luego de haber aceptado la obra de Dios de los últimos días, debido a las bendiciones de Dios, mi esposa y yo hicimos nuestro deber brindando hospitalidad en nuestro hogar. En ese momento, teníamos a hermanos y hermanas conviviendo con nosotros, todos los días, y las personas entraban y salían con frecuencia. De manera que éramos relativamente conocidos en la zona por creer en Dios. En el invierno de 2003, la opresión del gran dragón rojo fue cada vez peor. Un día, nuestro líder nos dijo: “La policía tiene los ojos puestos en vosotros. No podéis quedaros aquí por más tiempo. Debéis empacar vuestras cosas e iros a hacer vuestros deberes”. Enfrentado con esta decisión de último momento, quedé impactado. Pensé: esta casa con techo de tejas que me costó tanto trabajo construir, en la que vivimos menos de un año, ¡no quiero irme así porque sí! Ah, Dios, si Tú pudieras dejarnos vivir aquí por unos pocos años antes de tener que dejarla, eso es lo que quisiera. Vivir en otro lado no es tan conveniente ni tan cómodo como vivir en nuestro hogar. Pero al pensar en la opresión del gran dragón rojo, decidí que después de vender la casa, debíamos irnos para llevar a cabo nuestros deberes. Mientras recorría nuestra casa recién construida, sentí una ola de angustia y pena. Realmente no podía soportar dejarla. Sentía que venderla en ese momento era algo muy desafortunado. Justo cuando estaba evaluando los beneficios y las pérdidas de la carne y no lograba decidirme, oí las palabras de Dios resonando en mis oídos: “Abraham ofreció a Isaac. ¿Qué habéis ofrecido vosotros? Job lo ofreció todo. ¿Qué habéis ofrecido vosotros? Muchas personas han dado su vida, han entregado sus cabezas y derramado su sangre con el fin de buscar el camino verdadero. ¿Habéis pagado ese precio? En comparación, no sois en absoluto aptos para disfrutar de una gracia tan grande […]” (‘La relevancia de salvar a los descendientes de Moab’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios traspasaron mi corazón como una espada de doble filo. Me sentí increíblemente avergonzado. ¡Era cierto! Para poder satisfacer los requisitos de Dios, Abraham estaba dispuesto a soportar un gran dolor separándose de lo que amaba: convertir a su único hijo en una ofrenda quemada para Dios. Cuando Satanás y Dios hicieron una apuesta, si bien Job perdió todas sus posesiones y sus diez hijos, aún así pudo alabar y exaltar el nombre de Jehová. Incluso al final, cuando sufrió las torturas de haber sido abandonado por sus amigos y su familia y de enfermarse, prefirió maldecir el día en que nació en lugar de culpar a Dios. Dio un fuerte y sonoro testimonio de Dios y Satanás sufrió una total y humillante derrota. A lo largo de los tiempos, también existieron todos esos santos y profetas, algunos de los cuales, para llevar a cabo la voluntad de Dios, entregaron su juventud y sus matrimonios, otros, sus familias y parientes y la riqueza del mundo. Algunos hasta llegaron a sacrificar sus propias vidas y derramaron su sangre por la obra de Dios… Pero mirándome a mí mismo, aunque estaba gozando de la infrecuente gracia de la salvación que generaciones de santos nunca gozaron y de las palabras para la vida que Dios me envió, ¿a qué había renunciado por Dios? ¿Qué había ofrecido a Dios? La iglesia me hacía abandonar mi casa debido a la opresión y a la persecución del gran dragón rojo, para que no cayera en sus garras y no sufriera su cruel persecución. Este era el gran amor y la protección que nos brindaba Dios, pero yo no distinguía el bien del mal, ni tenía en cuenta las honestas intenciones de Dios. Ni siquiera pensé en mi propia seguridad, sólo pensé en mis ansias de tener una casa con techo de tejas y en los placeres de la carne. No estaba dispuesto a obedecer la dirección de Dios. ¡Realmente estaba tan lleno de codicia, que me importaba más el dinero que la vida misma! Hoy, no quería dejar atrás mi hogar incluso en aras de mi seguridad. Si tenía que darle la espalda a mis propios intereses como una ofrenda a Dios, o bien si tenía que entregar mi vida o derramar mi sangre por la obra de Dios, ¿cómo, alguien como yo —una persona mezquina, egoísta y despreciable que ama el dinero como la vida misma— estaría dispuesta a hacer este sacrificio por Dios? ¿Acaso no me escaparía corriendo mucho antes de ese momento? Pensé en mí mismo diciendo: estoy dispuesto a seguir el ejemplo de Pedro y ser pionero en amar a Dios. Estoy dispuesto a ceder todo, a gastar todo sin considerar mi propio beneficio personal, mi pérdida o mi ganancia. Solamente quiero satisfacer a Dios. Pero al enfrentarme a una situación real, no había ninguna parte de mí que se centrara en Dios. Sólo pensé en mis propios intereses inmediatos, y en realidad intenté negociar con Dios por los placeres de la carne. Luego, me pregunté a mí mismo: ¿es posible que este sea el amor que debo devolverle a Dios? Dios ha dicho: “Si amas, harás sacrificios y sufrirás dificultades sin pensarlo dos veces, y serás compatible conmigo. Lo dejarás todo por Mí […] De lo contrario, tu amor no sería amor, ¡sino engaño y traición! ¿Qué tipo de amor es el tuyo? ¿Es un amor verdadero? ¿O falso? ¿Cuánto has sacrificado? ¿Cuánto has ofrecido? ¿Cuánto amor he recibido de ti? ¿Lo sabes? Vuestros corazones están llenos de maldad, traición y engaño […]” (‘Muchos son llamados, pero pocos son escogidos’ en “La Palabra manifestada carne”). Había hecho un juramento ante Dios pero no lo honré. ¿No es esto tratar de engañar a Dios, de timarlo? Cuando pensé en eso, me postré ante Él y oré: “Ah, Dios Todopoderoso, siempre solía creer que estaba dispuesto a albergar a cualquier cantidad de hermanos y hermanas sin quejarme nunca sobre ningún problema, y que esta era una expresión de mi amor por Ti. Pero ahora recién veo a través de la revelación de los hechos que mi supuesto amor era condicional y selectivo. Todo giraba alrededor de lo que yo quería, y sólo lo tenía en un ámbito cómodo. Pero cuando Tú me necesitaste para soportar dificultades carnales y arriesgar mis propios intereses, mi “amor” simplemente desaparecía. A partir de eso vi que en realidad no te amaba y que no estaba en absoluto llevando a cabo mi deber para devolverte Tu amor, pero que quería pagar un precio bajo a cambio de grandes bendiciones. En realidad soy un oportunista de la cabeza a los pies, soy una persona mezquina, egoísta y despreciable. Simplemente no soy apto para vivir ante Ti. ¡Y menos apto aún para recibir todo lo que das a mi vida! Ah, Dios, ya no deseo engañarte ni rebelarme contra Ti, ni herirte. Estoy dispuesto a sostener mi juramento, a dejar de lado mi beneficio personal y a obedecer Tus orquestaciones y decisiones”.

Después de eso, dediqué mi energía a vender mi casa nueva, y compré un apartamento de dos ambientes en un lugar desconocido. Si bien no se comparaba con nuestra casa anterior, había teléfono y calefacción, y los medios de transporte eran convenientes. Estaba muy contento con mi nueva vivienda, y retomamos nuestro deber de hospitalidad allí. En un abrir y cerrar de ojos, llegó la primavera de 2004 y la policía del Partido Comunista nuevamente sospechó de nosotros. Enviaron a dos espías que se hicieron pasar por adivinos para obtener información. Gracias al esclarecimiento y liderazgo de Dios, nos dimos cuenta de su plan, y confiando en la sabiduría de Dios, les dijimos que se fueran. Una vez que la iglesia se enteró de esto, suspendieron nuestros deberes. Nos hicieron encontrar algún trabajo para salvaguardar nuestro entorno. A partir de ese momento, casi no tuvimos contacto con nuestros hermanos y hermanas. Transcurrieron seis meses y la situación local se volvió cada vez más tensa. Un día recibimos de repente una notificación de la iglesia que decía que Judas nos había vendido y que debíamos mudarnos lo más rápidamente posible para evitar caer en las manos del gran dragón rojo. Enfrentado con esta orden de la casa de Dios, en esta oportunidad elegí obedecer, y en mi corazón nació un odio hacia el gran dragón rojo. Pensé en el pasado, cuando había oído las palabras del gran dragón rojo que proclamaban: “los ciudadanos tienen libertad de culto, y sus derechos e intereses legítimos se encuentran protegidos”, y vi cómo se construían iglesias en todas partes. Me encantó y lo amé. Sentí que habían ganado los corazones del pueblo. Pero hoy, ante la realidad, finalmente vi con claridad el desagradable rostro del gran dragón rojo, entreví a través de sus maquinaciones, y supe que sus proclamas y sus acciones superficiales no eran más que mentiras y engaños, todas simulaciones. Eran todos medios despreciables, artimañas sucias para confundir y enceguecer a la gente. Era siniestro y cruel, astuto y engañoso, regresivo, contrario a Dios, y completamente reaccionario. Justo entonces estas palabras de Dios vinieron a mi mente: “¿Libertad religiosa? ¿Los derechos legítimos y los intereses de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado! […] ¿Por qué levantar un obstáculo tan impenetrable a la obra de Dios? ¿Por qué emplear diversos trucos para engañar a la gente de Dios? ¿Dónde están la verdadera libertad y los derechos e intereses legítimos? ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el consuelo? ¿Dónde está la cordialidad? ¿Por qué usar intrigas engañosas para embaucar al pueblo de Dios? ¿Por qué usar la fuerza para suprimir la venida de Dios? ¿Por qué no permitir que Dios vague libremente por la tierra que creó? ¿Por qué acosan a Dios hasta que no tenga donde reposar Su cabeza?” (‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada carne”). A través de Sus palabras pude ver claramente el horrible rostro del gran dragón rojo, darme cuenta de la verdad de su resistencia y de su persecución a Dios, así como también su daño y dominio sobre las personas. Pensé en la cantidad de hermanos y hermanas que, bajo su opresión y persecución, no pudieron regresar a sus hogares y vivieron vida de vagabundos, de personas sin techo. Pensé en cuántos hermanos y hermanas sufrieron la destrucción de su tortura inhumana, cuántos hermanos y hermanas fueron encarcelados por acusaciones falsas y pasaron tantos días oscuros, llevando vidas en un calabozo que no era siquiera digno de un perro o de un cerdo, sólo porque creían en Dios y hacían sus deberes. También pensé en cuántos hermanos y hermanas no tenían ningún tipo de libertad estando bajo su control; no tenían manera de hacer sus deberes y no podían llevar una vida normal en la iglesia. A esta altura, nosotros, creyendo en Dios y ofreciendo hospitalidad, estábamos simplemente realizábamos nuestro deber como creaciones. Llevábamos a cabo nuestras responsabilidades, y de ningún modo contraveníamos las leyes ni las normas del PCCh, pero seguíamos estando sujetos a restricciones y opresión sin sentido. Sólo podíamos desarraigarnos e ir una vez más a otro lugar para hacer nuestro deber. A pesar de eso, los policías no cedían en su persecución, sino que se disfrazaban de adivinos para obtener información, pensando que podrían encontrar alguna evidencia para atraparnos y perseguirnos. ¡En realidad, el gran dragón rojo es inconmensurablemente siniestro, traicionero, despreciable y despiadado! En ese momento me di cuenta de que el gran dragón rojo era maligno y cruel, astuto y engañoso, perverso, contrario al Cielo y totalmente reaccionario. ¡Era un demonio que devoraba y hacía daño al pueblo! Dios encarnado vino a la tierra a salvar a Su creación, la humanidad. Ese era el amor de Dios por el hombre. Fue algo enorme, feliz, pero el gran dragón rojo no permitiría que Dios viniera entre la humanidad, no permitiría que el pueblo adorara a Dios y que anduviera por un camino correcto en sus vidas. Hizo todo lo posible por emprender una frenética cacería de Cristo, persiguió con crueldad al pueblo elegido de Dios e intentó interrumpir y destruir Su obra. Trató de matar a todos los escogidos de Dios y de derrumbar Su obra de los últimos días. ¡En realidad fue completamente reaccionario e intolerable para el Cielo! Al pensar en esto, sentí una indignación justa aún mayor y me sentí lleno de un odio profundo hacia el gran dragón rojo. ¡Gracias a Dios! Fue la obra práctica y las palabras de Dios que le quitaron por completo la máscara al gran dragón rojo, dejando totalmente expuesta la fealdad de su hipocresía con una apariencia de dignidad. Finalmente esto abrió mis ojos que habían estado ciegos. Mi espíritu despertó y vi la claridad de la verdad de que el gran dragón rojo construye su nombre engañando al público, embaucándolo y dañándolo. Entonces tuve la seguridad y la determinación de abandonarlo con firmeza, de rechazarlo. Para colmo, en comparación con la detestable maldad y la oscura inmundicia del gran dragón rojo, obtuve un mayor entendimiento de la justicia, la santidad, la luz y la bondad de Dios. Vi la gran salvación y cuidado que Dios tenía por nosotros, los corruptos humanos; me di cuenta de que sin importar qué tan hostil fuera el entorno, sin importar qué tipo de resistencia ni opresión proviniera del gran dragón rojo, Dios nunca había abandonado Su salvación por nosotros. Él sigue soportando todo el sufrimiento para hacer la obra que debe hacer. En este mundo sucio y maligno, sólo podemos depender de Dios: Él es nuestro mayor amor y nuestra mayor salvación para los que aspiramos y ansiamos una vida de búsqueda de la verdad y de seguimiento a Cristo. Gracias a Dios por disponer que yo participe de este gran banquete, que en medio de la desgracia, yo pueda obtener discernimiento y percepción. A partir de ahora, juro por mi vida que romperé por completo con el gran dragón rojo. Seré su enemigo declarado. No importa cómo me persiga o vaya tras de mí, su despotismo no me intimidará. Solamente seguiré de cerca a Dios, confiaré en Su liderazgo, atravesaré la opresión de todas las fuerzas de la oscuridad, y llevaré a cabo mi deber para devolver la gracia de la salvación de Dios.

Debido a las duras condiciones que no nos permitieron permanecer durante mucho tiempo allí, nuevamente debimos apuramos para mudarnos a otro lugar extraño. Una vez allí, una hermana de la casa de Dios nos dijo que esa era una zona habitada por una minoría étnica donde el gran dragón rojo no era tan estricto. El entorno era relativamente aceptable. Pero mi corazón no se sentía tranquilo. Pensé: este es ahora el reino del gran dragón rojo y es como si la ciudad estuviera cubierta de nubes negras. No nos permitirá creer en Dios en paz. Lo cierto es que, cuando habíamos estado allí sólo durante veinte días, los espías del gran dragón rojo vinieron a nuestro hogar disfrazados de cobradores de un pago de salud y comenzaron a buscar personas dentro y fuera, preguntándole severamente a mi esposa de dónde era, dónde tenía registrado su domicilio, y por qué había llegado allí. Uno de ellos le preguntó si su esposo tenía un determinado aspecto. Ella dijo “sí”, y tan pronto como oyeron su respuesta intercambiaron miradas. Sólo entonces mi esposa se dio cuenta de que sabían cómo era yo sin haber visto mi rostro. Tenía que haber sido el Judas que me vendió, el que incluso les describió mi apariencia. Una vez que se fueron, se dirigieron a la casa de nuestros vecinos. No fue hasta entonces que nos dimos cuenta de que los vecinos trabajaban para ellos y que nos habían estado vigilando. De inmediato se lo comunicamos a la iglesia. Al poco tiempo, una hermana de la iglesia nos escribió una nota que decía: “La policía local se contactó con la policía de vuestra ciudad natal. Están resueltos a detener a aquellos de vosotros que habéis sido delatados. Quieren observar primero la situación con visitas no anunciadas y obtener información sobre vosotros, y cuando llegue el momento oportuno, harán una limpieza total de todos vosotros. Vuestra situación es peligrosa, debéis regresar a vuestra ciudad natal, a Shandong y ocultaros. Partid rápidamente —cuanto antes, mejor— ¡si os retrasáis, es posible que no podáis salir!”. Después de leer esta nota, no nos atrevimos a desestimarla. Decidimos partir al día siguiente. Esa noche, daba vueltas en la cama y no podía conciliar el sueño. No sólo estaba sumamente enojado por la enloquecida persecución del gran dragón rojo, sino que también me sentía confundido y desconsolado respecto del camino que teníamos por delante. ¡Ah! Al principio pensé que creer en Dios era algo sencillo, que todo lo que necesitaba era reconocer a Dios con mis palabras, creer en Él en mi corazón, y hacer lo mejor que pudiera para llevar a cabo mis deberes y que por ello recibiría la alabanza de Dios. Nunca hubiera imaginado que este camino sería más difícil cuanto más lo transitara. Justo cuando me sentía preocupado y triste debido a mi arduo trayecto de creencia en Dios, Sus palabras me esclarecieron: “No se toman en serio la creencia en Él, porque es demasiado desconocido, demasiado extraño para ellos. De esta forma, no están a la altura de las exigencias de Dios. Es decir, si las personas no conocen a Dios ni Su obra, no son aptas para que Él las use, y menos aún pueden satisfacer Su deseo. ‘La creencia en Dios’ significa creer que hay un Dios; este es el concepto más simple de la fe en Él. Aún más, creer que hay un Dios no es lo mismo que creer verdaderamente en Él; más bien es una especie de fe simple con fuertes matices religiosos. La fe verdadera en Dios significa que la gente experimenta Sus palabras y Su obra en base a la creencia de que Él tiene soberanía sobre todas las cosas. Por tanto, se logrará desechar el carácter corrupto, se satisfará el deseo de Dios, y se llegará a conocerlo. Sólo emprendiendo ese paso se puede decir que se cree en Dios” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Me senté en silencio, tratando de descubrir el significado de Sus palabras. Internamente, comencé a iluminarme: sí, es cierto que la verdadera fe en Dios significa experimentar Sus palabras y Su obra sobre la base de la creencia de que Él tiene soberanía sobre todas las cosas, para que podamos liberarnos de nuestros caracteres corruptos, satisfacer el deseo de Dios y llegar a conocerlo. Sólo a través de ese viaje podemos decir que creemos en Dios. Por cierto, no era tan simple como yo había creído, que sólo necesitaba reconocerlo con mis palabras, seguir reuniéndome con otras personas, comer y beber las palabras de Dios, y ejecutar mi deber. Este tipo de creencia mía era sólo una creencia religiosa vaga y no contenía la esencia de la creencia en Dios. Incluso si seguía hasta el final, era posible que no pudiera satisfacer la voluntad de Dios ni merecer Su elogio. Pensé en Pedro, en su creencia en Dios. Él puso el énfasis en llevar la palabra de Dios en su vida diaria para experimentarla. Sin importar qué pasara, él buscaba satisfacer la voluntad de Dios y Sus requisitos. Ya fuera juicio y castigo, pruebas y refinamiento, o adversidad y sufrimiento, así como también disciplina, siempre podía aceptarlo y obedecer. A partir de eso, buscó la verdad, fue tras el conocimiento de sí mismo y de Dios. Su búsqueda de muchos años no sólo derivó en un cambio en su propio carácter, sino que también llegó a tener un mayor conocimiento de Dios que ningún otro a través de los tiempos. La fe de Pedro estaba más en línea con la voluntad de Dios, y con lo que ella requería. Pero mi perspectiva de la creencia de Dios era demasiado simple. Pensaba que sólo debía continuar reuniéndome con otras personas, comer y beber las palabras de Dios y hacer mi deber y así recibir Su elogio. ¿Qué diferencia hay entre mis ideas y aquellas de los incrédulos y los religiosos? Al final, ¿no seguiría siendo todo en vano? Sólo entonces reconocí que todos mis años de creencia en Dios estaban plagados de confusión. Nunca supe qué significaba creer en Dios. De no haber sido por las revelaciones prácticas y la guía y el esclarecimiento de Sus palabras, continuaría siguiendo a Dios y viviendo aún en mis propias nociones e imaginación. No hubiera visto que en realidad soy un creyente religioso que solamente sigue su propio camino. No pude evitar sentirme un poco temeroso. Me di cuenta de que si continuaba con esta manera confusa de seguir a Dios sin centrarme en experimentar Su obra, o sin concentrarme en ir en busca de la verdad o en un cambio de carácter, finalmente sería rechazado por Dios. Cuando vi mis circunstancias peligrosas, de inmediato ofrecí una oración a Dios: “¡Ah, Dios! Gracias por Tus revelaciones y Tu iluminación que me han permitido comprender la verdad y reconocer los errores en mi creencia en Dios. ¡Ah, Dios! Estoy dispuesto a seguir el ejemplo de las prácticas de Pedro, seguir el camino que él transitó. Puesto que ahora he elegido ese sendero, estoy dispuesto a avanzar con confianza, sin importar cuán traicionero sea el camino o cuántos peligros me acechen. Estoy dispuesto a tener la voluntad para sufrir, para obedecer Tus designios y decisiones, y para experimentar verdaderamente Tus palabras y Tu obra de acuerdo a lo que requieras de mí para poder convertirme en una creación tuya que realmente cree en Ti y te adora”. Me sentí muy aliviado después de orar y tuve confianza en experimentar la obra de Dios.

Al día siguiente, tomamos un tren a Shandong. Después de ocultarnos durante un período en nuestro pueblo natal, así como también luego de algunas cuantas dificultades, bajo la guía del Espíritu Santo, finalmente pudimos ponernos en contacto con la iglesia, y retomamos nuestra vida de iglesia allí. Pero el gran dragón rojo no había abandonado su persecución hacia nosotros. Sin importar adónde fuéramos, siempre estábamos sujetos a sus restricciones y coacciones. La policía nos visitaba con frecuencia para inspeccionar los permisos de residencia. A veces venían dos veces al día e insistían en que nos registráramos con permisos de residencia temporal, de otro modo nos echarían. Entonces, mudarnos de casa se convirtió en algo rutinario para nosotros. Posteriormente, nos mudamos a un complejo de apartamentos más grande donde el hijo de un hermano anciano de la iglesia rentaba un lugar, así que este hermano nos alojó allí. Pero no sólo tuvimos que registrarnos con un permiso de residencia temporal, sino que tuvimos que tener un permiso de entrada y salida, si no, no íbamos a poder ir y venir, y mucho menos mudarnos. Teníamos que ocultarnos dentro de la casa y no podíamos salir. Aún así, la policía no cejaba en sus intentos. Con frecuencia, realizaba inspecciones yendo puerta a por puerta. Vimos entonces que en este país dictatorial, sin fe, gobernado por un partido ateo, a cada paso se suprimía y se oprimía la creencia en Dios. Eso generaba realmente un resentimiento silencioso. Particularmente durante las Olimpíadas de 2008, la situación fue muy tensa y muy difícil. El gran dragón rojo puso trampas y la policía montaba guardia en todas partes. Sin embargo, fue bajo estas circunstancias que observamos todo el poder omnipotente de Dios, Su sabiduría y Sus actos maravillosos, que era Dios el que estaba cargo de todo el designio. Cada vez que los oficiales querían llevar a cabo una inspección, el hombre que cuidaba la puerta principal iba a contarle a nuestro hermano anciano, para que nos preparásemos rápidamente y nos ocultáramos antes de que llegaran, por designio de Dios. En una oportunidad, la policía realizó una inspección sorpresiva mientras estábamos en medio de una reunión. Oímos ladrar a los perros afuera enloquecidamente. Las personas que estaban dirigiendo la inspección se habían abierto camino hacia dentro del patio y bajo el pretexto de que estaban controlando los medidores de electricidad, estaban en todas partes, mirando todo, buscando, interrogando y asustando a nuestro hermano anciano, quien hizo uso de la sabiduría para hacer que se fueran. Todos estábamos muy asustados después de que se fueron. Afortunadamente, nos habíamos ocultado a tiempo. Si nos hubieran hallado a nosotros o a los libros de las palabras de Dios, las consecuencias hubieran sido impensables. Justo cuando aún tenía temor en mi corazón, pensé en estas palabras de Dios: “No sufras el control de ninguna persona, cuestión u objeto; siempre y cuando se conforme a Mi voluntad, entonces practícalo de acuerdo con Mis palabras. No tengas miedo, ya que Mis manos te sostienen y con toda seguridad te protegeré de todos los malvados” (‘Capítulo 28’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). “¡Actuad valientemente! ¡Sólo mantened vuestras cabezas en alto! No tengáis miedo: Yo, vuestro Padre, estoy aquí para apoyaros y no sufriréis. Mientras que oréis y supliquéis ante Mí frecuentemente, os otorgaré toda fe sobre vosotros. Aquellos en el poder pueden parecer despiadados desde afuera, pero no tengáis miedo, ya que esto es porque tenéis poca fe. Siempre y cuando vuestra fe crezca, nada será demasiado difícil. ¡Aclamad y saltad para el contento de vuestro corazón! Todo está bajo vuestros pies y a Mi alcance. ¿No se decide el logro o la destrucción por una palabra mía?” (‘Capítulo 75’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me hicieron sentir vergüenza. Era cierto. ¿No estaban todas las personas, los eventos y las cosas de este mundo dentro de los designios y los planes de Dios? ¿Acaso no todo gira, se renueva y cambia según Sus pensamientos? El gran dragón rojo también es una criatura en manos de Dios. No importa cuán salvaje sea, no puede escapar de Su mandato. Si Él quiere destruirlo, ¿acaso no tendría sólo que decir? Dios no lo ha destruido, sino que ha permitido su salvajismo durante un tiempo. Esto es para darnos confianza y valentía, y es para permitirnos conocer la sabiduría, la omnipotencia y los actos maravillosos de Dios a través de nuestras experiencias. También es para permitirnos reconocer mejor el mal, la naturaleza reaccionaria, así como el rostro horrible del gran dragón rojo cuando nos oprime, para que podamos odiarlo, rechazarlo, traicionarlo y maldecirlo con todo el corazón. Bajo la conducción y el liderazgo de las palabras de Dios ya no tuve más miedo ni temor, sino que sentí una enorme gratitud hacia Dios. Estaba dispuesto a ser obediente dentro de este entorno y a luchar contra el gran dragón rojo, a aceptar la propia capacitación y perfección de Dios, a tratar de comprender y a obtener más de la verdad. A lo largo de los meses siguientes, la policía local realizaba dos o tres visitas sorpresivas por mes, así que no había manera de prepararse. Pero fue bajo estas condiciones terribles que pudimos escapar de ellos una y otra vez bajo el cuidado y la protección de Dios. Siempre nos escapamos una y otra vez de las inspecciones, pero las cosas salieron bien. Después de estas experiencias, no pude evitar sentir una genuina gratitud y alabanza hacia Dios desde lo más profundo de mi corazón. Pensé: “¡Ah, Dios Todopoderoso! Eres verdaderamente el Señor del universo que está a cargo de todas las cosas. Tus acciones maravillosas están en todas partes y a través de mis experiencias reales no sólo he probado Tu omnipotencia y sabiduría, sino que he visto que Tú eres mi sostenedor más fuerte; Tú eres mi refugio y he visto que el gran dragón rojo no es más que un tigre de papel. Cuando se lo observa desde afuera es todo garras y dientes y terriblemente autoritario, pero cuando se enfrenta a Ti, es muy débil e impotente. No puede soportar ni un pequeño golpe. Sólo puede seguir obedientemente Tus órdenes y designios. Mientras yo tenga confianza puedo triunfar sobre todas las fuerzas de la oscuridad. ¡Ah, Dios! Aunque ahora me encuentro en este país controlado por demonios, no estaré bajo el dominio de ninguna persona, evento ni cosa. Solamente me levantaré de la opresión de la oscuridad, me pondré de pie desde este lugar inmundo para actuar como evidencia de Tu victoria”.

Bajo las terribles circunstancias de ser perseguido por el gran dragón rojo, tuve la profunda experiencia de que eran las palabras de Dios Todopoderoso las que me conducían prueba tras prueba, ayudándome a triunfar una y otra vez en las tentaciones de Satanás. Fueron la gran gracia y la protección de Dios las que me trajeron aquí hoy. Recordando el camino que tomé, he sufrido la opresión y la persecución del gran dragón rojo. Me impidieron regresar a mi casa y he sido desplazado, viví la vida de un errante, y no tuve un “nido cálido” como tienen las personas mundanas, ni pude tener un corazón alegre ni una vida sin tener que correr como ellas. Y debido a la opresión del gran dragón rojo, mi corazón ha soportado mucho sufrimiento y dolor. No obstante, puesto que experimenté estas situaciones amargas, obtuve las riquezas de la vida. Al experimentar la opresión del gran dragón rojo, reconocí mi propia naturaleza egoísta y despreciable. En realidad no había creído verdaderamente en Dios ni lo había amado. A través de mi experiencia de opresión del gran dragón rojo, reconocí su naturaleza traicionera, despreciable y maléfica. Contra ese fondo, tuve un mayor entendimiento de la esencia de la justicia, la fidelidad, la luz y la bondad de Dios. Por medio de esa experiencia de opresión por parte del gran dragón rojo, me di cuenta de mi propia fe vaga e incierta y comprendí el verdadero significado y el valor de creer en Dios. Como consecuencia de esa opresión, también obtuve mayor entendimiento de la sabiduría y la omnipotencia de Dios y de Sus maravillosas acciones y también obtuve un mayor entendimiento de la esencia cruel, maléfica y reaccionaria del gran dragón rojo, que es hostil hacia Dios. Pude ver claramente cómo corrompe a la gente, la engaña y le hace daño. Todo ello me generó un profundo odio hacia él y estuve dispuesto a confiar en las palabras de Dios para expulsar el carácter corrupto de Satanás, para poder darle mi espalda al gran dragón rojo, para vivir como una verdadera persona y satisfacer el corazón de Dios. Fue la obra práctica de Dios la que me permitió saborear personalmente el delicioso banquete de la vida. No sólo despertó mi corazón que había estado mucho tiempo enceguecido por el gran dragón rojo, sino que también me permitió obtener muchas riquezas de vida, y antes de darme cuenta ya estaba en el camino adecuado de creer en Dios. ¡Doy sinceras gracias y alabanzas a Dios Todopoderoso!

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