El caso Zhaoyuan del 28 de mayo origina una crisis familiar(Parte 1)

Por Enhui, China

Soy una campesina normal y corriente, y me sentía tan agobiada por mis responsabilidades domésticas que apenas podía respirar. Como resultado, me volví realmente irritable y me pasaba día tras día peleando con mi esposo. Simplemente, no podíamos seguir viviendo así. Siempre que sufría, gritaba: “¡Dios mío! ¡Por favor, sálvame!”. Más tarde, en 2013, vino a mí el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días. Al leer las palabras de Dios y asistir a las reuniones con hermanos y hermanas, tuve la certeza de que Dios Todopoderoso era el Único al que había clamado en mi sufrimiento y, por lo tanto, acepté felizmente la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días.

Leí estas palabras de Dios: “Desde la creación del mundo, he empezado a predestinar y seleccionar a este grupo de personas; a saber, vosotros los de hoy. Vuestro temperamento, calibre, aspecto y estatura, la familia en la que naciste, tu trabajo y tu matrimonio; tú en tu totalidad, incluso el color de tu pelo y tu piel, y el momento de tu nacimiento; todo fue dispuesto por Mis manos. Arreglé con Mi mano las cosas que haces y las personas que te encuentras todos los días, por no mencionar el hecho de que traerte a Mi presencia hoy se hizo en realidad por Mi arreglo. No te entregues al desorden; debes proceder con calma” (‘Capítulo 74’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). A partir de estas palabras de Dios, finalmente me di cuenta de que todas las cosas están en las manos de Dios, y del hecho de que tener la buena suerte de presentarme delante del trono de Dios, aceptar la salvación de Dios de los últimos días y obtener el riego y el sustento de Sus palabras había sido todo predestinado por Dios hace muchas eras. El tipo de esposo y de familia que tengo también había sido predestinado por Dios. Sabía que debía aceptar y someterme a lo que Dios había provocado y arreglado. Desde ese momento, siempre que aparecían cosas que me parecían desagradables, ya no me quejaba como lo hacía antes. En cambio, tenía fe en que eso había sido dispuesto por Dios y estaba dispuesta a someterme para que Él pudiera guiarme y conducirme para que aprendiera a vivir en armonía con mi familia. Con el tiempo, pude dejar de pelear con mi esposo. Cuando él vio los cambios que se habían producido en mí desde que empecé a creer en Dios, mi esposo también empezó a apoyarme mucho en mi fe. Cuando los hermanos y las hermanas venían a mi casa para celebrar una reunión, mi esposo se mostraba muy amable con ellos y, en ocasiones, incluso les hacía cumplidos. En esa época, yo leía la palabra de Dios todos los días y asistía con frecuencia a las reuniones y compartía experiencias con otros hermanos y otras hermanas. Me sentí enriquecida en espíritu y gocé de un tipo de paz y alegría que nunca antes había sentido. Sentí que la fe en Dios era verdaderamente algo maravilloso.

Pero todo lo bueno se acaba y, tras el incidente de Zhaoyuan en Shandong ocurrido el 28 de mayo de 2014, esos armoniosos y tranquilos días desaparecieron en nuestra casa. Originalmente, este era un caso criminal ordinario, pero, tres días más tarde, tomó una nueva forma: el Gobierno del Partido Comunista de China lo calificó como algo perpetrado por motivos religiosos. Con este pretexto, el Gobierno del PCCh convirtió a la Iglesia de Dios Todopoderoso en su centro de atención; el Gobierno del PCCh usaba los medios de comunicación para sembrar deliberadamente pistas falsas, hacer falsas acusaciones y difamar a la Iglesia de Dios Todopoderoso. En un tiempo brevísimo, las personas se llenaron de todo tipo de rumores imaginables sobre la Iglesia de Dios Todopoderoso. Mi esposo vio esto denunciado en las noticias y se tragó las mentiras de la propaganda del Gobierno del PCCh. Era como si un cambio instantáneo hubiera invadido todo su ser, y mi esposo empezó a hacer todo lo que podía para oponerse a mi fe en Dios Todopoderoso.

Una noche, mi esposo llegó a casa echando humo por las orejas lleno de rabia y me recriminó enérgicamente: “¿Qué es realmente esta religión en la que crees?”. Me quedé totalmente desconcertada ante esa extraña actitud que mostraba y le respondí: “En lo que creo es en el Señor Jesús retornado, en Dios Todopoderoso, a quien solíamos referirnos como el ‘Cielo’”. Mi esposo dijo: “¡Crees en Dios Todopoderoso! ¡Mira lo que están diciendo en la televisión!”. Al decir esto, encendió la televisión y, justo en ese momento, ocupaba todas las noticias el caso de asesinato en Zhaoyuan (Shandong) del 28 de mayo. Estaban diciendo todo tipo de cosas que condenaban a la Iglesia de Dios Todopoderoso, y siguieron hasta decir que los creyentes en Dios Todopoderoso eran personas que perturbaban el orden público, y que el Departamento de Seguridad Pública en Shandong estaba preparado para lanzar un fuerte contraataque y capturarlos a todos sin clemencia. Esto me llenó de justa indignación y le dije a mi esposo inmediatamente: “No son más que calumnias y rumores. ¡Este asesino no es en absoluto creyente en Dios Todopoderoso! La Iglesia de Dios Todopoderoso tiene principios en su obra evangélica, esto es, solo la comparte con las personas buenas que creen en la existencia de Dios y que son bondadosas. Nunca compartimos el evangelio con las personas malvadas. La gente malvada como Zhang Lidong no se conforma ni remotamente a esos principios de la Iglesia de Dios Todopoderoso para compartir el evangelio, así que, ciertamente no pueden ser creyentes en Dios Todopoderoso. Y otra cosa: cuando Zhang Lidong pidió a esa mujer su número de celular y ella se negó, Zhang tuvo un ataque de rabia y la mató porque se sintió humillado. Nosotros, los hermanos y las hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso, jamás intentamos obligar a las personas a aceptar la obra de Dios cuando difundimos el evangelio, porque, en ‘Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino’, Dios dijo de forma muy clara: ‘Los familiares que no comparten tu misma fe (tus hijos, tu marido o tu esposa, tus hermanas o tus padres, etcétera) no deben ser forzados a ir a la iglesia. La casa de Dios no está escasa de miembros y no hay necesidad de maquillar sus cifras con personas que no son de utilidad. No se debe llevar a la iglesia a todos aquellos que no creen de buen grado. Este decreto va dirigido a todas las personas. Debéis verificar, monitorear y haceros recordatorios los unos a los otros respecto a este asunto y nadie puede violarlo’. Cuando los hermanos y las hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso difunden el evangelio, nunca obligan a nadie a hacer nada; esto es algo que nadie puede infringir. Esas noticias no son más que calumnias y pura invención. Solo es el Gobierno del PCCh difundiendo rumores y difamando a la Iglesia de Dios Todopoderoso”. Pero ¿quién se lo habría podido imaginar? Tras oír esto, mi esposo me miró con los ojos abiertos como platos y me gritó: “No importa si es verdad o no. Mientras el PCCh se oponga, ¡no puedes estar involucrada en esto! No quiero que el Gobierno venga a inspeccionar la casa. ¡Nuestro hijo ni siquiera se ha casado aún!”. Al ver que mi esposo había sido engañado por esos rumores y esas mentiras de la televisión creadas de la nada, mi corazón se llenó de odio: el Gobierno del PCCh no se detendría ante nada a la hora de reprimir y perseguir a la Iglesia de Dios Todopoderoso con el simple objetivo de eliminar las creencias religiosas. Estaba usando el caso de Zhaoyuan para tender una trampa y hacer acusaciones falsas contra la Iglesia de Dios Todopoderoso, ¡qué táctica tan miserable!

Después de eso, ninguno de los dos pudimos dormir bien esa noche. Mi esposo me instó a que me ocultara y a que escondiera bien mi libro de las palabras de Dios, o que se lo devolviera a la Iglesia en caso de que la Policía del PCCh hiciera una redada en nuestra casa. Al escucharlo decir todo eso, se me vinieron a la mente las experiencias que había escuchado de los hermanos y las hermanas, quienes habían sido arrestados, cuyas casas habían sido registradas y quienes habían sido multados o encarcelados; también pensé en mi primo, quien se había enzarzado en una disputa con el jefe de policía de la comisaría local porque no podía soportar que el tipo estuviera fanfarroneando de aquí para allá acosando a la gente común y, al final, terminaron sentenciándolo a un año de reeducación mediante el trabajo. También sufrieron todos los miembros de nuestra familia, jóvenes y ancianos. El PCCh es un demonio con el que no se puede razonar. Si me arrestaran y encarcelaran debido a mi fe, y si hicieran una redada en nuestra casa, ¿sería eso justo para mi esposo y mi hijo? Yo daba vueltas en la cama sin poder quedarme dormida, imaginando una y otra vez la situación de que la Policía del PCCh me detuviera y registrara mi casa, y que mi esposo y mi hijo estuvieran implicados… No pude evitar sentir una oleada de desolación y miedo en el corazón. Sentí lo difícil que era creer en Dios, ser una buena persona y seguir el camino correcto en China, y que mi vida estaba en constante peligro. Pero, si tuviera que traicionar a Dios por miedo a la persecución del Gobierno del PCCh, mi conciencia me condenaría por el resto de mi vida. Aun si iba a la deriva y vivía sin propósito, en esencia, sería una muerta viviente y, tras morir, no tendría cara para volver a ver a Dios. Estaba muy angustiada y sentía un gran dolor en lo más profundo de mi corazón; me sentía totalmente impotente, increíblemente negativa y débil.

En medio de mi sufrimiento, recordé estas palabras del Señor Jesús: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25). Las palabras del Señor Jesús me dieron fe y fortaleza, y disiparon la ansiedad y el miedo que sentía en el corazón, y pensé: “Dios reina soberano sobre todas las cosas y todas las criaturas vivientes, y mi vida y mi familia también están bajo Su control. Todo lo que tengo vino de Dios, y no puedo traicionarlo en este momento crucial”. Luego, pensé en Job, a quien le robaron las posesiones de su familia y perdió a sus hijos; se quedó sin nada, pero, aun así, pudo mantener su devoción a Dios. Job alabó el santo nombre de Jehová Dios y se mantuvo firme en su testimonio de Dios. Y, sin embargo, solo frente a los rumores y las perturbaciones inventadas por el Gobierno del PCCh, sin que me hubieran arrestado ni registrado la casa, me había vuelto débil y negativa. Vi que mi estatura era, de hecho, patéticamente pequeña, y que no tenía ni una pizca de fe verdadera en Dios. Este pensamiento llenó mi corazón de vergüenza delante de Dios y, en silencio, tomé una decisión: ¡independientemente de lo que pasara, no debía traicionar a Dios, y mantendría mi fe sin importarme el sufrimiento o la dificultad que pudiera enfrentar!

Mi esposo llegó a casa a mediodía del día siguiente, tiró enfrente de mí el periódico que llevaba en la mano derecha y dijo: “¡Fíjate bien! Aquí dice que pueden arrestar a cualquier persona que crea en Dios Todopoderoso. ¡Seguro que no quieres pasar en la cárcel ni un segundo! No solo golpean a la gente, sino que decenas de personas son hacinadas sobre una única plataforma para dormir. Si alguien va al cuarto de baño en medio de la noche, al regresar, pierde su sitio donde dormir. Si te arrestan, nuestra familia no podrá pagar tu fianza, así que, si te detienen y te condenan a varios años, ¡más te vale que obedezcas!”. Me dolió muchísimo escuchar esas palabras tan frías de parte de mi esposo, y odié al demoníaco Gobierno del PCCh incluso más. De no ser por sus engaños, sus rumores, su opresión y su persecución, mi esposo me apoyaría en mi fe. No me presionaría de esa forma en absoluto. En mi desesperación, lo único que podía hacer era implorar a Dios en mi corazón: “¡Dios Todopoderoso! Sé que el Gobierno del PCCh solo está difundiendo rumores, calumnias, difamaciones y blasfemias contra Ti. El Gobierno del PCCh no es otro que Satanás, Tu enemigo. Pero, ahora, siento cierta debilidad en el corazón y deseo que me protejas, que me des sabiduría y que me permitas ver las intenciones de los trucos y la astucia de Satanás para poder mantenerme firme a Tu lado y no dejarme intimidar por las malvadas fuerzas del Gobierno del PCCh”. Tras orar, mi corazón no albergaba ni el más mínimo deseo de rechazar a Dios, y se me vinieron a la mente estas palabras de Dios Todopoderoso: “Cuando el Señor Jesús hizo cosas como traer a Lázaro de entre los muertos, Su objetivo fue brindar una prueba para que los humanos y Satanás vieran, para que supieran que todo lo relativo a la humanidad, a la vida y la muerte de la humanidad están determinados por Dios, y que, aunque Él se había hecho carne, seguía dominando el mundo físico visible así como el mundo espiritual, que los hombres no pueden ver. Hizo esto para demostrarles a la humanidad y a Satanás que no todo lo relativo a la humanidad está bajo el mando de Satanás. Esto fue una revelación y una demostración de la autoridad de Dios, y también una forma de enviar un mensaje a todas las cosas de que la vida y la muerte de la humanidad están en Sus manos. La resurrección de Lázaro por parte del Señor Jesús fue una de las maneras en las que el Creador enseñó e instruyó al hombre. Fue una acción concreta en la que Él usó Su poder y autoridad para instruir y proveer a la humanidad. Fue una forma, sin el uso de palabras, de permitir que los hombres viesen la verdad de que Él comanda todas las cosas. Fue una forma de decir a la humanidad por medio de acciones prácticas que no hay salvación si no es por medio de Él. Este medio silencioso que Él utilizó para instruir a la humanidad es eterno, indeleble y produce en los corazones humanos un impacto y un esclarecimiento que nunca se desvanecerá. La resurrección de Lázaro glorificó a Dios: esto tiene un profundo impacto en cada uno de Sus seguidores. Fija firmemente, en cada persona que entiende profundamente este acontecimiento, el entendimiento, la visión de que solo Dios puede controlar la vida y la muerte de la humanidad” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”). Este hecho de que Dios permitiera a Lázaro resucitar de entre los muertos me alentó profundamente. Volví a sentir que tenía fuerza en el corazón y reaccioné de nuevo inquebrantable: ¡sí! Dios controla todas las cosas en el universo, y la vida y la muerte de las personas están en la palma de la mano de Dios. Yo sabía que nadie podía controlar esto y que el que me arrestaran o no también estaba en Sus manos. Las palabras de Dios me protegieron una vez más, y mi fe en Dios volvió a crecer otra vez en lo más profundo de mi corazón. El pánico y el miedo que albergaba mi corazón también se disiparon bastante.

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