Me siento mucho más ligero después de deshacerme de las cadenas del estatus

Por Liang Zhi, Provincia Anhui

Mi nombre es Liang Zhi y acepté la salvación de Dios de los últimos días hace seis años. Una vez, en una elección democrática en nuestra iglesia, fui elegido para ser el líder de la iglesia y esta noticia me resultó tan inesperada como emocionante. Pensé para mis adentros: “¡Ser elegido como líder de la iglesia entre todos los hermanos y hermanas y ser responsable de todo el trabajo de la iglesia demuestra que soy mejor que todos los demás!”. Cuando pensé en esto, un sentimiento de superioridad comenzó a arraigarse en lo más profundo de mi corazón, comencé a pavonearme con la cabeza erguida y estaba lleno de energía en las reuniones con mis hermanos y hermanas. Después de un tiempo, sin embargo, me di cuenta de que la hermana con la que llevaba a cabo mi deber era de buen calibre y que enseñaba la verdad de una manera lúcida. Podía comprender la raíz de cualquier problema que le plantearan los hermanos y hermanas y podía enseñarles cómo resolverlo y mostrarles el camino de la práctica. Todos los hermanos y hermanas querían escucharla dar la enseñanza y, al ver cómo se desarrollaba poco a poco esta situación, comencé a sentir celos y envidia de ella. No estaba dispuesto a admitirme superado y, por lo tanto, antes de cada reunión hacía preparativos cuidadosos sobre los estados y los problemas de los hermanos y hermanas, y me rompía la cabeza sobre cómo enseñar de una manera más exhaustiva y esclarecedora que mi hermana. Después de que había dado una enseñanza y había visto a todos los hermanos y hermanas asintiendo con la cabeza que estaban de acuerdo, me sentía muy complacido conmigo mismo y muy satisfecho. Si veía a mis hermanos y hermanas reaccionar de manera tibia, me sentía deprimido y frustrado. Después descubrí que un hermano con el que llevaba a cabo mi deber sabía bastante sobre hacer películas y que era bueno con las computadoras. Cuando vi que los hermanos y hermanas lo buscaban a él para hablar sobre los problemas profesionales que encontraban al filmar películas, a pesar de ser yo el encargado de nuestra iglesia, sentí que no podía decir ni una palabra, me sentí como un inútil que estaba siendo excluido. Me sentí realmente incómodo y triste y me pregunté: “Los hermanos y hermanas siempre lo buscan cuando tienen un problema entonces, ¿creen que es mejor que yo? Sería grandioso si también pudiera entender las habilidades para hacer películas, ya que entonces los hermanos y hermanas me buscarían a mí en vez de a él cada vez que tuvieran un problema”. Y así, todos los días desde el amanecer hasta el anochecer busqué información relacionada y estudié todo sobre cómo hacer películas. Justo cuando iba con todo por el bien del estatus, surgieron problemas, uno tras otro, en el trabajo de cada grupo en la iglesia, y sin importar cuánto realizara reuniones o enseñara, todo era en vano. Me sentía bajo tanta presión que apenas podía respirar y mi corazón estaba atormentado. Pensé para mí mismo: “¿Qué pensarán de mí mis hermanos y hermanas? ¿Pensarán que, a pesar de ser un líder, no tengo talento para el trabajo y que simplemente no estoy calificado para cumplir con este deber? Parece que no podré mantener el puesto de líder por mucho más tiempo”. Cuanto más lo pensaba, más negativo me volvía y todo mi ser se sentía como una pelota de fútbol desinflada; la energía que había sentido antes se había ido por completo. Finalmente, debido a que estaba viviendo constantemente en un estado de negatividad y me había vuelto flojo en mi trabajo, había perdido la obra del Espíritu Santo y no había logrado nada real en el desempeño de mi deber, por lo que fui reemplazado. En ese momento sentí como si hubiera perdido toda mi credibilidad y quería que la tierra me tragara. Al mismo tiempo, me preguntaba: “¿Mis hermanos y hermanas hablarán de mí a mis espaldas y dirán que soy un líder falso, que sólo me esfuerzo por la fama y la ganancia y que no hago ningún trabajo real?”. Cuanto más pensaba en esto, sentía que más dolor envolvía mi corazón, como si muchas voces de reproche resonaran en mis oídos ...

Esa noche, me acosté en mi cama, dando vueltas y sin poder pegar un ojo. Todo lo que podía hacer era orar una y otra vez, pidiéndole a Dios que me guiara y me dirigiera ... Luego, vi estas palabras de Dios que dicen: “En vuestra búsqueda tenéis demasiadas nociones, esperanzas y futuros individuales. La obra presente es para tratar con vuestro deseo de estatus y vuestros deseos extravagantes. Las esperanzas, el deseo de[a] estatus y las nociones son, todos ellos, representaciones clásicas del carácter satánico. La razón de que estas cosas existan en el corazón de las personas se debe, por completo, a que el veneno de Satanás siempre está corroyendo los pensamientos de las personas, y estas no son nunca capaces de sacudirse esas tentaciones satánicas. Viven en medio del pecado, sin embargo, no creen que sea pecado, y siguen creyendo: ‘Creemos en Dios, así que Él debe conceder bendiciones sobre nosotros y disponerlo todo para nosotros de la forma adecuada. Creemos en Dios, así que debemos ser superiores a los demás, y tener más estatus y más futuro que cualquier otro. Dado que creemos en Dios, Él debe proporcionarnos bendiciones ilimitadas. De otro modo, no lo denominaríamos creer en Dios’[…] Ahora sois seguidores, y poseéis cierto entendimiento de esta etapa de la obra. Sin embargo, todavía no habéis dejado a un lado vuestro deseo de estatus. Cuando este es alto, buscáis bien, pero cuando es bajo, dejáis de buscar. Las bendiciones del estatus siempre están en vuestra mente. […] Cuanto más busques de esta forma, menos recogerás. Cuanto mayor sea el deseo de estatus en la persona, mayor será la seriedad con la que sea tratada y tendrá que experimentar mayor refinamiento. ¡Ese tipo de persona es demasiado inútil! Tiene que ser tratada y juzgada lo suficiente como para que renuncie a ello por completo. Si perseguís de esa manera hasta el final, nada recogeréis. Aquellos que no persiguen la vida no pueden ser transformados; los que no tienen sed de la verdad no pueden ganarla. No te centras en perseguir la transformación personal y entrar; siempre te enfocas en esos deseos extravagantes, y en las cosas que cohíben tu amor por Dios, y te frenan de acercarte a Él. ¿Pueden transformarte esas cosas? ¿Pueden introducirte en el reino?” (‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Algunas personas siempre tienen miedo de que otras les roben el protagonismo y las superen, y que obtengan reconocimiento mientras ellas mismas son abandonadas. Esto lleva a que ataquen y excluyan a los demás. ¿Acaso no están celosas de las personas más capaces que ellas? ¿No es egoísta y despreciable este comportamiento? ¿Qué tipo de carácter es este? ¡Es malicioso! Pensar solo en uno mismo, satisfacer solo los deseos propios, sin mostrar consideración por los deberes de los demás y tener en cuenta solo los propios intereses y no los intereses de la casa de Dios: las personas así tienen mal carácter y Dios no las ama. Si realmente puedes ser considerado con la voluntad de Dios, entonces podrás tratar a otras personas de manera justa. Si recomiendas a alguien y esa persona se desarrolla en alguien con talento, y la casa de Dios gana una persona talentosa más, entonces ¿no habrás hecho bien tu trabajo? ¿No habrás sido leal al desempeñar tu deber? Esta es una buena obra ante Dios, y es el tipo de conciencia y razón que el hombre debe poseer” (‘Puedes obtener la verdad después de entregar tu verdadero corazón a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios expusieron mi esencia interior que estaba en busca de estatus, fama y ganancia y me sentí terriblemente molesto. Desde que comencé a llevar a cabo el deber de líder de la iglesia, siempre me había dedicado con entusiasmo y, por lo tanto, creía que era alguien que estaba en busca de la verdad. Pero ahora que los hechos me habían sido revelados, enfrentado al juicio y castigo de las palabras de Dios, finalmente vi las corrupciones en mi creencia en Dios. Reflexioné sobre cómo, cada vez que me reunía con mis hermanos y hermanas para enseñar las palabras de Dios, no lo hacía para exaltar a Dios o para dar testimonio de Él para que todos pudieran entender la verdad en Sus palabras, entender Su voluntad y saber cómo practicar con el fin de entrar en la realidad de las palabras de Dios. En cambio, apliqué toda mi energía a pensar en cómo ser mejor que mi hermana y cómo lograr que los hermanos y hermanas estuvieran de acuerdo conmigo y me admiraran, en un intento por establecer mi propia imagen en sus corazones y estabilizar aún más mi propia posición. Cuando vi que mi hermano era profesionalmente más capaz que yo y que todos los hermanos y hermanas lo buscaban para pedirle y compartir con él cuando tenían problemas, y que yo no tenía participación, me sentía celoso de él y lo excluía. Tenía miedo de que me robara el protagonismo y me dejara impotente, así que me esforcé por armarme con conocimiento profesional para consolidar mi posición. Cuando la iglesia tenía un problema que yo no podía resolver, no fui ante Dios para orar, no confié en Él ni recurrí a Él, y no busqué la verdad junto con mis hermanos y hermanas para resolver el problema sino que, en cambio, pasé todos los días influido por los pensamientos de ganancias y pérdidas de mi estatus, temeroso de que si no trabajaba bien, entonces sería incapaz de mantener mi posición como líder. Vi que no estaba llevando a cabo mi deber para buscar la verdad y satisfacer la voluntad de Dios y que no estaba buscando un cambio en mi carácter mientras llevaba a cabo mi deber. En cambio, estaba tratando mi deber como si fuera una carrera y considerándolo como una herramienta que podía usar para destacar entre la multitud y hacerme un nombre. Todo en lo que alguna vez pensé fue en cómo jactarme y probarme, ganar la estima y el aprecio de todos y satisfacer mi ambición y deseo de estar muy por encima de todos los demás. ¡No estaba acumulando buenas obras en el desempeño de mi deber en absoluto, sino que estaba viviendo completamente por el bien de la fama, la ganancia y el estatus!

Luego leí las palabras de Dios que dicen: “Yo decido el destino de cada hombre no en base a su edad, antigüedad, cantidad de sufrimiento ni, mucho menos, según el grado de compasión que provoca, sino en base a si posee la verdad. No hay otra decisión que esta . Vosotros debéis daros cuenta de que todos aquellos quienes no siguen la voluntad de Dios serán castigados. Este es un hecho inmutable” (‘Deberías preparar suficientes buenas obras para tu destino’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer las palabras de Dios, entendí Su voluntad. Cuando Dios determina el fin de una persona, no lo hace según cuán alto o bajo es su estatus, cuán grandiosa es su antigüedad, cuánto ha trabajado para Dios o cuánto ha sufrido. En cambio, Dios determina el fin de una persona con base en si busca o no la verdad y la obtiene, y en si su carácter de vida ha cambiado o no. Había creído en Dios durante varios años, pero nunca había hecho realmente ningún esfuerzo por buscar la verdad o practicar las palabras de Dios. Por el contrario, constantemente había estado en busca de fama, ganancia y estatus, y las opiniones que tenía sobre qué buscar estaban completamente en desacuerdo con lo que Dios requería. El resultado de todo esto fue que, aunque había creído en Dios durante años, no había entrado en la realidad de la verdad en absoluto y mi carácter de vida no había cambiado en absoluto. En las reuniones no podía hablar sobre ninguna experiencia o conocimiento de las palabras de Dios, pero a menudo sólo predicaba algunas letras y doctrinas para engañar a las personas. Por lo tanto, había perdido la obra del Espíritu Santo y no había logrado nada en el desempeño de mi deber. Si hubiera continuado siguiendo la senda equivocada, Dios finalmente me habría expuesto y descartado, y habría perdido mi oportunidad de alcanzar la salvación de Dios. Pensando en ello ahora, me di cuenta de que ser reemplazado era el justo juicio y castigo de Dios. Dios lo había hecho con el fin de tratar y purificar la ambición y el deseo dentro de mí de luchar por la fama y la ganancia, y Él me estaba guiando por la senda correcta de buscar la verdad; ¡Dios me estaba salvando! En ese momento estaba lleno de gratitud hacia Dios y no pude evitar presentarme ante Él para orar: “Oh Dios, Te doy gracias por Tu juicio y castigo, por permitirme reconocer que estaba siguiendo la senda equivocada y ver las peligrosas consecuencias de buscar fama, ganancia y estatus. Oh Dios, deseo volver a Ti, soltar la fama, la ganancia y el estatus, y elegir seguir la senda de buscar la verdad para poder traer consuelo a Tu corazón”.

Durante un periodo de devociones espirituales y autorreflexión, mi estado mejoró gradualmente y el líder de la iglesia arregló que yo regara a los nuevos creyentes. Estaba muy agradecido con Dios por darme la oportunidad de llevar a cabo mi deber, y en silencio, tomé una resolución: “Debo valorar esta oportunidad de cumplir con mi deber. ¡No puedo volver a cometer los mismos errores y seguir la senda de buscar fama, ganancia y estatus!”. En mi deber a partir de entonces, cada vez que me encontraba con un problema, lo discutía más con mis hermanos y hermanas y escuchaba y adoptaba sus sugerencias. Cada vez que comenzaba a revelar mi carácter corrupto de luchar por fama y ganancia, oraba a Dios, y a propósito iba a leer más de las palabras de Dios que se relacionaban con Su juicio sobre la esencia corrupta del hombre, y luego practicaba de acuerdo con Sus palabras. Después de experimentar esto por un tiempo, pude entonces renunciar un poco a la fama, la ganancia y el estatus. Sin embargo, mi naturaleza satánica que luchaba por fama y ganancia y que buscaba estar por encima de los demás no se pudo resolver de una vez por todas solo con un poco de entendimiento. Todavía necesitaba padecer más juicio y castigo antes de que finalmente pudiera ser purificado y cambiado.

Varios meses después, Dios una vez más orquestó un entorno para exponerme y salvarme. Debido a que cada vez más personas estaban investigando y aceptando la obra de Dios de los últimos días, y cada vez había más trabajo para regar y apoyar a los nuevos creyentes estaba volviendo más ocupado, nuestro líder de la iglesia dijo que teníamos que elegir un líder de grupo que fuera responsable de organizar el trabajo. En el momento en que escuché esto, comencé a sopesar las posibilidades en mi mente: “De los siete de nosotros en este grupo, el hermano Zhang es probablemente el más capaz en el trabajo. También tiene un sentido de justicia, enseña la verdad de una manera bastante práctica y es capaz de salvaguardar activamente el trabajo de la iglesia. Es muy probable que sea elegido para ser el líder del grupo”. Pero luego pensé en cómo yo había sido antes un líder de la iglesia y en cómo siempre había sido el que organizaba las cosas para que el hermano Zhang las hiciera. Si fuera elegido esta vez para ser el líder del grupo, siempre tendría que hacer lo que él me dijera que hiciera, y eso demostraría que yo tenía un estatus más bajo que él. Y entonces, ¿cómo podría alguna vez enfrentar a alguien otra vez? Cuando pensé en esto, me sentí muy molesto. Cuando llegó el día en que debíamos elegir a nuestro líder de grupo, no pude evitar sentirme nervioso y mi mente luchaba constantemente consigo misma. ¿Por quién debo votar? ¿El hermano Zhang? Pero cuando pensé en cómo los hermanos y hermanas siempre lo buscaban para discutir sus dificultades, comencé a sentir un poco de celos y ya no deseaba votar por él. ¿Quizás debería votar por mí mismo? Pero sabía que no era tan capaz como el hermano Zhang, y si los otros hermanos y hermanas no votaban por mí, entonces no podría convertirme en líder del grupo. Me sentí tan triste en ese momento, tanto que surgió un pensamiento malicioso en mi mente: “Si yo no puedo ser el líder del grupo, entonces tú tampoco lo serás”. Y así, terminé votando por el hermano Wu, con quien normalmente me llevaba bien pero que era menos capaz. Al final, sin embargo, el hermano Zhang aun así fue elegido para ser el líder del grupo. No estaba contento de ver este resultado, pero luego siguió una sensación de ansiedad y sentí que había hecho algo que no era del todo honesto. Ese día, en mi camino de regreso a casa, reflexioné sobre los pensamientos e ideas que había revelado durante la votación. ¿Por qué no había estado dispuesto a votar por el hermano Zhang? Había tenido miedo de que el hermano Zhang ascendiera más que yo. ¿No había vuelto a hundirme en un estado de lucha por fama y ganancia? Me sentí muy angustiado. No quería luchar por fama y ganancia entonces, ¿por qué siempre volvía a caer en mis viejas costumbres cada vez que surgía este tipo de situación? Oré a Dios en mi corazón y le pedí que me esclareciera y me guiara para que pudiera encontrar la raíz de este problema. Cuando llegué a casa, vi estas palabras de Dios que dicen: “¿qué usa Satanás para mantener al hombre acorralado y controlado? (La fama y la ganancia). De modo que Satanás usa fama y ganancia para controlar los pensamientos del hombre hasta que sólo puedan pensar en ellas. Por la fama y la ganancia luchan, sufren dificultades, soportan humillación, y sacrifican todo lo que tienen, y harán cualquier juicio o decisión por la fama y la ganancia. De esta forma, Satanás ata al hombre con cadenas invisibles. Las personas las llevan y no tienen la fuerza ni el valor de deshacerse de ellas. Por tanto, sin saberlo, las personas llevan estas cadenas y siempre avanzan con gran dificultad. En aras de esta fama y ganancia, la humanidad evita a Dios y le traiciona, y se vuelve más y más perversa. De esta forma, así, se destruye una generación tras otra en la fama y la ganancia de Satanás. Consideremos ahora las acciones de Satanás, ¿son sus siniestros motivos abominables? Tal vez hoy no podáis calar todavía sus motivos siniestros, porque pensáis que no hay vida sin fama y ganancia. Creéis que, si las personas dejan atrás la fama y la ganancia, ya no serán capaces de ver el camino que tienen por delante ni sus metas; su futuro se vuelve oscuro, tenue y sombrío. Sin embargo, poco a poco, todos reconoceréis un día que la fama y la ganancia son grilletes monstruosos que Satanás usa para atar al hombre. Hasta el día en que llegues a reconocer esto, resistirás por completo el control de Satanás y los grilletes que Satanás trae para atarte. Cuando llegue el momento en que desees deshacerte de todas las cosas que Satanás ha inculcado en ti, romperás definitivamente con Satanás y también detestarás verdaderamente todo lo que él te ha traído. Sólo entonces sentirás un verdadero amor y anhelo por Dios” (‘Dios mismo, el único VI’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¿Qué clase de conducta tendrá una persona con un corazón temeroso de Dios? (No hará solo lo que le plazca ni actuará con displicencia). Así pues, ¿qué debería hacer alguien para no actuar como le plazca? (Tener un corazón que busque). Y, después de buscar, siente que su pensamiento está equivocado, pero también siente que no está dispuesto a escuchar las sugerencias correctas de otros y piensa: ‘Normalmente soy mejor que él. Si escucho sus sugerencias ahora, ¡parecerá como que él es superior a mí! No, no puedo escucharlo en lo que se refiere a este asunto. Simplemente, lo haré a mi manera’. Luego encuentra una razón y una excusa para excluir a la otra persona. Si alguien ve que una persona es mejor que ella, la elimina, inicia un rumor sobre ella o emplea algún medio inescrupuloso de modo que otras personas no piensen bien de ella y vean que nadie es mejor que nadie; entonces, este es el carácter corrupto de la arrogancia y la santurronería, así como de la deshonestidad, el engaño y la perfidia, y estas personas no se detienen ante nada para alcanzar sus objetivos. Viven de esta forma y, aun así, piensan que son grandes y buenas personas. Sin embargo, ¿acaso tienen un corazón temeroso de Dios? ¿Acaso las personas que actúan de esta manera simplemente hacen lo que les place? ¿Acaso toman en consideración los intereses de la familia de Dios? Únicamente piensan en sus propios sentimientos y solo quieren alcanzar sus propias metas, independientemente de la pérdida que sufra la obra de la familia de Dios. Las personas como estas no solo son arrogantes y santurronas; también son egoístas y despreciables; muestran total desconsideración hacia la intención de Dios, y las personas que son así, sin duda alguna, no poseen un corazón temeroso de Dios. Esa es la razón por la que hacen lo que les place y actúan con displicencia, sin ningún sentido de culpa, sin ninguna inquietud, sin ninguna aprensión o preocupación y sin considerar las consecuencias. No temen a Dios, creen que son sumamente importantes y consideran que cada aspecto de sí mismas es superior a Dios y a la verdad. En su corazón, Dios es lo menos digno de mención y lo más insignificante y Dios no tiene absolutamente ningún estatus en su corazón” (‘Las cinco condiciones que tienen las personas antes de entrar en la vía correcta de creer en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”).

Mientras contemplaba las palabras de Dios, recordé todo lo que había pensado y hecho en la votación electoral y me sentí avergonzado más allá de las palabras. Entendí que la fama, la ganancia y el estatus que siempre había buscado eran en realidad cadenas invisibles que Satanás usa para atarnos, ¡y que son una forma en que Satanás nos engaña y corrompe! Recordé que antes de creer en Dios, consideraba ideas y puntos de vista de Satanás como “Hazte fama y échate a dormir”, “El hombre siempre debería esforzarse para ser mejor que sus contemporáneos”, “Sin sacrificio, no hay beneficio”, y “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo” como los axiomas de mi vida y como verdaderos. Acepté estas ideas satánicas y me enamoré del poder y el estatus, adopté la búsqueda de fama, ganancia y estatus y el estar por encima de los demás como mis metas en la vida y luché y peleé duro por ellas. Mientras pudiera obtener fama, ganancia y estatus para mí, entonces soportaría cualquier cantidad de sufrimiento o agotamiento. Después de que comencé a creer en Dios, seguí viviendo por estos venenos de Satanás en mi búsqueda de fama, ganancia y estatus y busqué estar por encima de otras personas. Hacía mucho tiempo que estas cosas se habían convertido en mi vida e hicieron que no pudiera evitar rebelarme contra Dios y resistirme a Él. Sabía perfectamente que el hermano Zhang beneficiaría el trabajo de la iglesia como líder de grupo, pero tenía envidia de que fuera tan capaz y temía ser superado. Por lo tanto, con el fin de mantener mi propia posición y prestigio, decidí que preferiría que alguien inadecuado obtuviera la posición de líder de grupo y que el trabajo de la iglesia sufriera antes que votar por el hermano Zhang. Vi que me negaba a aceptar el escrutinio de Dios en mis obras, que no tenía ni pizca de un corazón temeroso de Dios, que solo consideraba siempre mi propio prestigio y posición cada vez que me encontraba con un problema y que simplemente no estaba defendiendo el trabajo de la iglesia; ¿cómo podría un comportamiento tan egoísta y despreciable no haber asqueado a Dios y haber hecho que me aborreciera? Pensé en las palabras de Dios que dicen: “Las transgresiones llevarán al hombre al infierno”, y sentí que estaba en un estado muy peligroso. Si continuaba de esa manera, entonces me convertiría en alguien a quien Dios detesta, rechaza y descarta. En ese momento pensé en los fariseos que habían resistido al Señor Jesús. Para proteger sus posiciones y poder en el templo, no buscaron en absoluto la aparición del Señor Jesús ni las verdades que Él expresó, sino que sólo persistieron en resistirlo y condenarlo, tanto que incluso lo crucificaron en la cruz, y así sufrieron el castigo y la maldición de Dios. Ahora vi claramente que, en la creencia de uno en Dios, si uno no presta atención a buscar la verdad y entrar en ella, sino que solo busca continuamente fama, ganancia y estatus, entonces ¡uno está siguiendo la senda de los fariseos en su desafío a Dios! Pensando en estas cosas, no pude evitar tener miedo de seguir la senda equivocada y en ese mismo momento decidí liberarme de las ataduras y del daño de la fama, la ganancia y el estatus, seguir la senda de buscar la verdad y llevar a cabo fielmente mi deber y ganar la alabanza de Dios.

Después, volví a las palabras de Dios y leí: “Aquellos que son capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios en sus acciones. Cuando aceptas el escrutinio de Dios, tu corazón se corrige. Si sólo haces las cosas para que otros las vean y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿tienes a Dios en tu corazón? Las personas que son así no tienen un corazón temeroso de Dios. No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio, no siempre consideres tus propios intereses y no consideres tu propio estatus, imagen o reputación. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios y hacer de ello tu principal prioridad; debes ser considerado con la voluntad de Dios, reflexionar en si estás pensando o no en la obra de la casa de Dios y en si has llevado a cabo bien o no tu deber. Cuando siempre estás considerando la obra de la casa de Dios en tu corazón y pensando en la entrada a la vida de los hermanos y hermanas, entonces puedes llevar a cabo bien tu deber. […] Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de Dios y de Su casa, entonces después de un tiempo de este tipo de experiencia, considerarás que esta es una buena forma de vivir: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser de mente estrecha y perverso. Considerarás que así es como un persona debe vivir y actuar. Poco a poco disminuirá el deseo dentro de tu corazón de gratificar tus propios intereses” (‘Puedes obtener la verdad después de entregar tu verdadero corazón a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Estas palabras me mostraron los objetivos que debía tener y la dirección que debía tomar para ser un ser humano. Mi corazón se llenó de luz, y entonces supe cómo practicar de una manera conforme a la voluntad de Dios. Después tomé la iniciativa de abrirme al hermano Zhang sobre cómo había estado viviendo constantemente en un estado de lucha por fama y ganancia, y sobre cómo le había tenido envidia y también le revelé mi despreciable intención durante la votación. Después de escucharme, no me menospreció, sino que me enseñó las verdades sobre mi estado y también se abrió a mí y me habló sobre sus experiencias y entendimiento. Después de esta enseñanza, cualquier distanciamiento entre nosotros se fue y sentí una increíble sensación de alivio y tranquilidad. Después, cada vez que tenía una dificultad en mi deber o me encontraba con un problema que no entendía, siempre buscaba activamente al hermano Zhang y él siempre me enseñaba pacientemente hasta que se encontrara una respuesta. Cuanto más me ejercitaba en practicar las palabras de Dios de esta manera, más sentía que mi relación con Dios y mi relación con los otros hermanos y hermanas se volvía más cercana, y los resultados que lograba en mi deber también mejoraban cada vez más. Realmente llegué a apreciar que al renunciar a la fama, la ganancia y el estatus y vivir según las palabras de Dios, y al volverse a Dios y llevar a cabo su deber, uno es bendecido por Dios en ese momento, y uno puede entonces vivir una vida justa y honorable con un sentido de paz y tranquilidad en el corazón y la relación de uno con Dios se hace cada vez más cercana.

En octubre de 2017, las elecciones anuales de la iglesia comenzaron otra vez y me postularon como candidato para ser un líder de la iglesia. Cuando escuché esta noticia, no me sentí tan emocionado como antes, sino que al contrario, corregí mi estado de ánimo con el fin de experimentar la obra de Dios. Participar en la elección no era para que pudiera esforzarme por ser líder de la iglesia, sino más bien para cumplir con mi obligación como parte de este proceso, para aprender a buscar la verdad y para elegir a la persona correcta para ser líder de acuerdo con los principios de la iglesia sobre la elección de líderes. Si me eligieran para ser líder, entonces simplemente desearía llevar a cabo mi deber como ser creado de una manera sincera y ordenada para satisfacer a Dios; no deseaba ser como era antes, luchando por fama y ganancia y haciendo que Dios se afligiera. Si no era elegido, no culparía a Dios, sino que seguiría cooperando con Él, llevando a cabo mi deber lo mejor que pudiera y sometiéndome a Sus orquestaciones y arreglos, porque yo era una de Sus creaciones y era mi responsabilidad llevar a cabo cualquier tarea que me fuera dada, y siempre debía hacerla con todo mi corazón y todas mis fuerzas. Cuando se contaron los votos y se anunciaron los resultados, me di cuenta que había sido elegido para ser el líder de la iglesia. Sin embargo, no me sentí muy complacido conmigo mismo, y ya no me sentí estupendo ni mejor que los otros hermanos y hermanas. Por el contrario, sentí que esto era una comisión y una obligación, y sentí como si Dios estuviera poniendo Sus esperanzas sobre mis hombros. Sabía que debía buscar diligentemente la verdad, cooperar con Dios y llevar a cabo mi deber de satisfacerlo y asegurarme de vivir a la altura del amor y la salvación que Él me estaba dando.

Las palabras de Dios dicen: “En su vida, si el hombre quiere ser limpiado y lograr cambios en su carácter, si quiere vivir una vida que tenga sentido y cumplir su deber como criatura, entonces debe aceptar el castigo y el juicio de Dios, y no debe dejar que se aparten de él la disciplina de Dios ni los golpes de Dios, para que se pueda liberar de la manipulación y la influencia de Satanás, y pueda vivir en la luz de Dios. Sabes que el castigo y el juicio de Dios son la luz, y la luz de la salvación del hombre, y que no hay mejor bendición, gracia o protección para el hombre” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

A través de mis experiencias prácticas, realmente llegué a apreciar que el juicio y castigo de Dios son la luz que nos salva y que son el más verdadero amor de Dios. Fue el juicio y castigo, la reprensión y la disciplina de las palabras de Dios lo que me permitió ver claramente el daño que la fama, la ganancia y el estado me estaban causando, y lo que despertó mi valor y la determinación de buscar la verdad. Cuando solté la fama, la ganancia y el estatus, sentí como si no fuera solo el estatus a lo que había renunciado, sino más bien a las cadenas con las que Satanás me había encadenado, y en los recovecos más profundos de mi espíritu llegué a sentir una sensación sin precedentes de paz y gozo, y un sentimiento de alivio y liberación. Aunque todavía puedo, incluso ahora, revelar mi carácter corrupto de luchar por fama y ganancia, ya no estoy controlado ni atado por él. A través de mis experiencias he aprendido que, al practicar la verdad, uno puede deshacerse del corrupto carácter satánico y cuanto más se practica la verdad, más se puede vivir la semejanza de un ser humano y ser bendecido por Dios. Realmente llegué a sentir que cada pequeña cosa que Dios hizo en mí era Él pagando un precio minucioso. ¡Mi salvación de Dios es tan práctica y Su amor es tan grande y real! A partir de este día, deseo experimentar aún más el juicio y castigo de Dios, buscar la verdad para poder deshacerme de mi corrupto carácter satánico lo antes posible, y vivir una genuina semejanza humana para brindar consuelo al corazón de Dios ¡Gracias a Dios por salvarme!

Nota al pie:

a. El texto original no contiene la frase “el deseo de”.

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