Es lo que el Señor Jesús dijo una vez: “Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3). El Señor Jesús resucitó y regresó al cielo para preparar un lugar para nosotros, eso significa que el lugar que Él preparó debería estar en el cielo. Si el Señor ha regresado, debería ser para arrebatarnos al cielo, para elevarnos primero al cielo para encontrarnos con el Señor. Dan testimonio de que el Señor Jesús ha regresado, que ha encarnado y está en la tierra hablando y obrando. Entonces, ¿cómo nos elevará al reino de los cielos? ¿Está el reino de los cielos en la tierra o en el cielo?

2018-05-01 4

Respuesta: Para entender si el reino de los cielos está realmente está en el cielo o aquí en la tierra, Primero debemos entender qué es realmente el reino de los cielos. Todos sabemos que el “cielo” normalmente se refiere a lo celestial, a Dios. El reino de los cielos se refiere al reino de Dios y es el reino donde Dios está al poder, es el reino de Cristo. Entonces, ¿el reino de Dios está en la tierra o está en el cielo? Primero, veamos lo que dice el Padre nuestro. “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:9-10). Las palabras del Señor Jesús son muy claras. El Señor pide que oremos para que el reino de Dios descienda a la tierra, para que Su voluntad se lleve a cabo en la tierra. No dijo que el reino de Dios se establecería en el cielo, y no nos tenía esperanzados y orando por el día en que seríamos arrebatados al cielo. Esto de esperar que nos lleven al cielo para entrar en el reino de Dios, ¿no va fuera de tono con las palabras y la voluntad del Señor? Los invito a leer una profecía en Apocalipsis: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo, que decían: El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15). “Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:2-4). Estos dos pasajes mencionan dos cosas: “El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo”. “La nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios”. “El tabernáculo de Dios está entre los hombres”. Ambos pasajes se refieren al reino de Cristo que se está realizando en la tierra. La obra del juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días es establecer el reino de Cristo en la tierra. Antes de que el gran desastre llegue, Dios formará un grupo de vencedores y este grupo será los pilares del reino de Dios. Son los que gobernarán junto a Dios en el reino de Cristo. En el desastre, aquellos que han sido perfeccionados por Dios serán las personas del reino de Dios. Aquellos que nunca han aceptado la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días serán expuestos y eliminados por Dios y no formarán parte del reino de Cristo. Las profecías del Apocalipsis empiezan con las declaraciones de Dios encarnado en los últimos días, siguen con el fin del gran desastre cuando el reino de Cristo se realiza en la tierra y luego hablan de la eternidad de un cielo y tierra nuevos. Cuando estas profecías se cumplan, el plan de gestión de Dios se habrá realizado por completo. Y los que acepten la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, y hayan sido purificados y perfeccionados, son quienes serán el pueblo del reino de Cristo. Son quienes Dios convertirá en vencedores antes del desastre. Ellos son los que pueden atender las palabras de Dios, y obedecerlo y adorarlo. Cuando llegue el gran desastre, ellos serán protegidos y resguardados por Dios. Pero aquellos que vivan en la ambigüedad y la imaginación, que sólo esperan ser arrebatados al cielo para ver al Señor, pero no aceptan el juicio de Cristo en los últimos días, ellos pagarán el precio en el desastre. Muchos serán destruidos y algunos se volverán hacia Dios por el crisol del desastre. Todas estas son cosas verdaderas que Dios hará pronto.

El Señor Jesús nos prometió: “Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3). Hay misterios en las palabras del Señor. Visto a través de nuestros propios conceptos y fantasías, el Señor Jesús regresó al cielo, y está ahí, preparando un lugar para nosotros. ¡Verlo de esa manera es un gran error! En la obra de Dios, no podemos confiar en nuestros propios conceptos. Su obra es incomprensible para los humanos. Sólo tendremos claridad sobre estas cosas cuando Él las haya completado y presentado ante nosotros. Cuando acepté la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, y vi los hechos de la obra que Él ha completado pude comprenderlo. El regreso del Señor Jesús a prepararnos un lugar, significa nacer en los últimos días, y aceptar la obra de Dios encarnado en los últimos días, someternos a Su juicio, ser purificados, perfeccionados, y finalmente, llevados al reino de Cristo. Piensen en esto. Dios se ha hecho carne y ha expresado la verdad para hacer la obra del juicio de los últimos días, y nosotros hemos oído la voz de Dios y somos levantados ante Él. ¿No es Él quien viene a nuestro encuentro? Nosotros leemos Sus palabras, experimentamos Su obra y asistimos a Su banquete. ¿No es eso conocer al Señor? El día en que la obra de Dios esté completa, y hayamos sido purificados y perfeccionados, nos llevarán al reino de Dios. Cristo reina en el reino de Dios y adoraremos a Dios como Su pueblo en Su reino. ¿Esto no cumple con la profecía del Señor: “donde yo estoy, allí estéis también vosotros”?

Leamos las palabras de Dios Todopoderoso, veamos cómo el reino de Cristo se realizará en la tierra, y cuál será la belleza del reino, Dios Todopoderoso dice: “El reino se está expandiendo entre la humanidad, se está formando entre la humanidad y se está erigiendo entre la humanidad; no hay fuerza alguna que pueda destruir Mi reino. […] Ahora estoy caminando entre Mi pueblo y vivo entre ellos. Hoy en día, quienes alberguen un amor genuino hacia Mí, son bendecidos. Bienaventurados quienes se someten a Mí, pues ellos con seguridad permanecerán en Mi reino. Bienaventurados quienes me conocen, pues ellos con seguridad ejercerán poder en Mi reino. Bienaventurados quienes me buscan, pues ellos con seguridad escaparán de las ataduras de Satanás y disfrutarán de Mis bendiciones. Bienaventurados quienes son capaces de renunciar a sí mismos, pues con seguridad serán posesión Mía y heredarán la abundancia de Mi reino. Recordaré a los que corren de un lado para otro por Mí; abrazaré con alegría a los que se esfuerzan por Mí y daré gozo a los que me presenten ofrendas. Bendeciré a los que encuentren disfrute en Mis palabras; ellos, con seguridad, serán los pilares que sostienen la viga maestra de Mi reino; con seguridad gozarán de abundancia incomparable en Mi casa, y nadie se puede comparar con ellos. ¿Alguna vez habéis aceptado las bendiciones que os han sido dadas? ¿Alguna vez habéis buscado las promesas que se hicieron por vosotros? Con toda seguridad, bajo la guía de Mi luz, os abriréis paso entre el dominio de las fuerzas de la oscuridad. En medio de la oscuridad, ciertamente no perderéis la luz que os guía. Con seguridad seréis el amo de toda la creación. Con seguridad seréis un vencedor delante de Satanás. Con seguridad, cuando caiga el reino del gran dragón rojo, os erguiréis entre las grandes multitudes para ser testigos de Mi victoria. Con seguridad permaneceréis firmes e inquebrantables en la tierra de Sinim. A través de los sufrimientos que soportéis, heredaréis Mis bendiciones, y, con seguridad, irradiaréis Mi gloria por todo el universo” (‘Capítulo 19’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

A medida que Mis palabras quedan consumadas, el reino se forma poco a poco en la tierra y el hombre regresa gradualmente a la normalidad, y, así, se establece en la tierra el reino que yace en Mi corazón. En el reino, todo el pueblo de Dios recupera la vida del hombre normal. Se ha ido el invierno helado, reemplazado por un mundo de ciudades primaverales, donde la primavera perdura todo el año. Ya las personas no se enfrentan al mundo sombrío y miserable del hombre y ya no sufren el frío gélido del mundo del hombre. Las personas ya no pelean entre sí, los países ya no se enfrentan en guerras, ya no hay más matanzas ni la sangre que fluye de la matanza; todas las tierras están llenas de felicidad, y en todas partes rebosa el calor entre los hombres. Me muevo por todo el mundo, disfruto desde lo alto de Mi trono y vivo entre las estrellas. Los ángeles me ofrecen nuevas canciones y nuevos bailes. Ya su propia fragilidad no causa que lágrimas corran por su rostro. Ya no escucho en Mi presencia el sonido del llanto de los ángeles, y ya nadie se queja conmigo de las adversidades. Hoy, todos vosotros vivís en Mi presencia; mañana, todos vosotros existiréis en Mi reino. ¿No es esta la mayor bendición que le confiero al hombre?” (‘Capítulo 20’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Una vez acabada la obra de conquista, el hombre será llevado a un mundo hermoso. Esta vida será, por supuesto, todavía en la tierra, pero será totalmente distinta a la vida actual del hombre. Es la vida que la humanidad tendrá después de que toda ella haya sido conquistada, será un nuevo comienzo para el hombre en la tierra; tener este tipo de vida será la prueba para la humanidad de que ha entrado en un ámbito nuevo y hermoso. Será el principio de la vida del hombre con Dios sobre la tierra. La premisa de una vida tan bella debe ser que, después de que el hombre haya sido purificado y conquistado, se somete delante del Creador. Así, la obra de conquista es la última etapa de la obra de Dios antes de que la humanidad entre en el maravilloso destino. Semejante vida es la vida futura del hombre en la tierra, la vida más hermosa sobre la tierra, el tipo de vida que el hombre anhela, la que nunca antes alcanzó en la historia del mundo. Es el resultado final de la obra de gestión de los 6000 años; es aquello que más anhela la humanidad, y también es Su promesa al hombre. Pero esta no puede cumplirse de inmediato: el hombre entrará en el destino futuro sólo cuando la obra de los últimos días se haya completado y él haya sido totalmente conquistado; es decir, una vez que Satanás haya sido derrotado por completo. Después de haber sido refinado, el hombre no tendrá una naturaleza pecaminosa, porque Dios habrá derrotado a Satanás, lo que significa que no habrá usurpación por parte de fuerzas hostiles, y que ninguna de estas puede atacar la carne del hombre. Por tanto, este será libre y santo; habrá entrado en la eternidad” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando los humanos hayan sido restaurados a su semejanza original y cuando puedan cumplir sus deberes respectivos, permanecer en su sitio adecuado y someterse a todos los planes de Dios, Dios habrá ganado un grupo de personas sobre la tierra que lo adoran y también habrá establecido un reino sobre la tierra que lo adora. Tendrá una victoria eterna sobre la tierra y todos aquellos que se le oponen perecerán por toda la eternidad. Esto restaurará Su intención original al crear la humanidad; restaurará Su intención en crear todas las cosas y también restaurará Su autoridad sobre la tierra, entre todas las cosas y entre Sus enemigos. Estos serán los símbolos de Su victoria total. En adelante, la humanidad entrará en el reposo y empezará una vida que está en el camino correcto. Dios también entrará en el reposo eterno con la humanidad y comenzará una vida eterna que compartirán Dios y los humanos. La inmundicia y la desobediencia sobre la tierra habrán desaparecido, así como los lamentos sobre la tierra y todo lo que en este mundo se opone a Dios no existirá. Solo Dios y esas personas a las que Él ha llevado a la salvación permanecerán; solo Su creación permanecerá” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Me muevo por arriba de todos los hombres y observo por todas partes. Nada se ve viejo jamás y ninguna persona es como solía ser. Yo descanso sobre el trono; me reclino sobre todo el universo y estoy totalmente satisfecho, porque todas las cosas han recuperado su santidad y puedo vivir en paz dentro de Sion una vez más, y las personas en la tierra pueden llevar vidas contentas y serenas bajo Mi dirección. Todos los pueblos están manejando todo en Mi mano; todas las personas han recuperado su antigua inteligencia y apariencia original; ya no están cubiertos de polvo, sino que, en Mi reino, son tan santos como el jade, cada uno con un rostro como el del santo dentro del corazón del hombre, porque Mi reino ha sido establecido entre los hombres” (‘Capítulo 16’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

En todo el mundo solo existen Dios y el hombre. No hay polvo ni suciedad y todas las cosas son renovadas, como un pequeño cordero que descansa en una pradera verde bajo el cielo, disfrutando de toda la gracia de Dios. Y es por la llegada del verdor que el aliento de vida brilla, porque Dios viene al mundo a vivir junto al hombre por toda la eternidad, tal como lo dijo la boca de Dios: ‘puedo vivir en paz dentro de Sion una vez más’. Este es el símbolo de la derrota de Satanás; es el día del reposo de Dios y este día será ensalzado y proclamado por todas las personas y conmemorado por todas ellas. Cuando Dios está descansando en el trono, es también el momento en el que Dios concluye Su obra en la tierra y es el momento preciso en el que todos los misterios de Dios son mostrados al hombre; Dios y el hombre estarán para siempre en armonía, nunca separados; ¡esas son las hermosas escenas del reino!” (‘Capítulo 16’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Extracto del guion de la película de “El anhelo”

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