5 Hemos creído muchos años en el Señor. Aunque podemos predicar y trabajar para el Señor y sufrir mucho, siempre seguimos siendo capaces de mentir, engañar y defraudar. Todos los días hablamos en defensa propia. (suspira) Con mucha frecuencia somos arrogantes, santurrones, ostentosos y condescendientes con los demás. Vivimos pecando y arrepintiéndonos, incapaces de escapar a las ataduras de la carne, no digamos ya de experimentar y practicar la palabra del Señor. (suspira) No hemos vivido ninguna realidad de la palabra del Señor. En nuestro caso, ¿acaso podemos ser llevados al reino de los cielos? Algunos dicen que aunque pequemos y nos ate la carne, el Señor nos ve libres de pecado. Siguen la palabra de Pablo: “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:52). y piensan que el Señor nos transformará inmediatamente cuando venga y que nos llevará al reino de los cielos. Creen que quienes reciben la salvación por la fe pero siguen pecando constantemente no son aptos para entrar en el reino de los cielos. Esto se basa principalmente en la palabra del Señor Jesús: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). “[…] seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Estos son dos puntos de vista contrapuestos que nadie tiene claros, por favor, habladnos.